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«En todo amar y servir».

 


 “Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5, 20-26)

¿Cuándo entenderemos que la nuestra no es una religión de mínimos sino de  máximos?

"Todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado"" 

¡Ay, el orgullo! Debemos perdonar y pedir perdón. La teoría nos la sabemos de sobra. ¡Pero cuidado lo que nos cuesta llevarlo a la práctica! No tengas miedo a dar ese primer paso hacia la reconciliación.  ¡Adelante!
 
¿Soy consciente del vínculo que establece Jesús entre la presentación de la oración y la reconciliación con el prójimo?


"Vete primero a reconciliarte con tu hermano"

Nuestra fe no es individualista sino comunitaria.
Si no buscamos la paz con el que está a nuestro lado no podemos vivir la fe ni la esperanza 

Que tu ofrenda sea amor y perdón.
¿No te ocurre, a veces, que buscas a tu Padre pero vas con el corazón roído de murmuración, crítica e animadversión hacia tu hermano o, simplemente, sabes que ese hermano tiene algo contra ti, aunque no sepas lo que es?

Reconciliarse es volver a unir historias, construir de nuevo 'puentes'.
Encontrarnos de nuevo con el hermano y perdonar no es algo que esté lejos de nuestra relación con Dios, es el gesto fraterno que debe ir delante de la ofrenda.

Nos salva lo mal que se le dan las matemáticas al Señor:
“Si llevas cuenta de nuestros delitos...”. Salmo129

Él siempre nos espera con los brazos abiertos y nos invita a hacer lo mismo con los demás. Pedir perdón, perdonar, parte esencial del camino de cuaresma.

La Cuaresma es también el trayecto en el cual hemos de ponernos a bien con el hermano –perdonando deudas y ofensas– para poder entrar con Jesucristo en el banquete de su Reino, en la alegría de la Pascua. 

La vida se resume, como diría san Ignacio de Loyola, «en todo amar y servir». 
Se trata de poner el amor en el centro de nuestro existir, pero no un amor cualquiera, sino un amor como este: 
“El amor es paciente, no tiene envidia, no presume, no se engríe, no es egoísta, no lleva cuentas del mal. El amor no pasa nunca”.


 

Señor, dame un corazón que busque la paz.
Perdona mis rencores y ayúdame a superarlos.
Gracias por las personas que buscan la reconciliación
 
Jesús, Tú me conoces muy bien y sabes cuánto quiero agradarte, pero también conoces cuán débil soy y que tengo muchas caídas a pesar de mis luchas.
Ayúdame, por eso, Señor, a esforzarme por agradarte más, sirviendo a los hombres, quienes son tus hijos y mis hermanos.
Quiero practicar cada día más la caridad, virtud principal de tu corazón.
Ayúdame como cristiano a ser faro del amor.
Pues sólo así seré reconocido como discípulo tuyo.



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