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Un signo

 


“¿Por qué esta generación reclama un signo?”   
(Mc 8, 11-13).

¿Qué signo del cielo he pedido a Jesús como prueba o condición para tomar una decisión?

"Le pidieron un signo del cielo"
Nos pensamos que con un acto o elemento extraordinario vamos a alimentar nuestra fe, y no nos damos cuenta que la fe es cuestión de una vida sencilla vivida en el día a día.

La fe no busca pruebas porque dejaría de ser.
Su esencia es creer sin evidencias, certezas, seguridades, signos.
No necesita ver porque su mirada es mucho más profunda, confiada, firme.
Se sustenta en Dios sin argumentos y en abandono.
¿Tienes fe o buscas pruebas?

¿Comprendes los signos que Dios te da en el camino?
Nunca vamos solos, Dios Providente de un modo invisible, pero real conduce nuestros pasos.
¡Escuchémosle!

De nada valen las señales a quien nunca las quiere ver.

Mi relación con alguien no necesita pruebas sino momentos de encuentro, miradas que llenan de calma, ojos que brillan por el cariño, tiempo construido entre ambos.
Esto nos pasa con Él.
El signo más maravilloso es que nos ama.
 
El signo de salvación que Dios da es la vida entregada de su Hijo Predilecto, que llega hasta las últimas consecuencias del amor. Signo para nosotros debe ser la comunidad reunida, la palabra proclamada, el pan y el vino de la Eucaristía, la gracia del perdón, la entrega de muchos por los más pobres y necesitados.
Signo para el pueblo será hoy nuestra vida de hombres serenos y esperanzados ante las dificultades, nuestra constancia en buscar el bien a costa muchas veces de renuncias, nuestra fidelidad a la llamada recibida desde la vida vivida en clave misionera, nuestra apertura y capacidad de comprensión ante los errores y pecados de los otros.



El amor de Dios manifestado en Jesucristo es el signo que salva definitivamente al hombre.
Hoy también hacen falta discípulos de Jesús que hagan visible, en medio del mundo, un amor así, un amor que destruye el pecado y que ha vencido a la muerte.
 
Jesús, el Hijo de Dios, se manifiesta de manera discreta en medio de nuestra vida y ha elegido precisamente lo débil para confundir a los poderosos.
La fe en Jesús, en Dios, no se compra, no se condiciona, no se somete a juicios humanos de convalidación.
Es don, y los dones se piden y reciben sencillamente como gracia.
 
 
Tú eres el Hijo de Dios que te hiciste hermano y amigo nuestro.
Gracias, Jesús porque me quieres.
Tú viniste a enseñarnos el camino del cielo
Tú viniste a salvarnos del pecado y de la muerte.
Tú viniste a decirnos que Dios es un Padre que nos ama.
Tú viniste a enseñarnos a construir un mundo mas digno del hombre.
Tu viniste a animarnos y hadarnos fuerza para ser mejores.’
Tú viniste a consolarnos en nuestras tristezas y a traer alegría a
nuestra vida.
Tú viniste a enseñarnos como amarnos y perdonarnos unos a otros.
Padre Dios, Tú nos amaste tanto que nos enviaste a Jesús, tu propio Hijo, para salvarnos; ayúdanos a escuchar y cumplir siempre lo que Él nos dice.
Te lo pedimos por el mismo Cristo Jesús.
Amén.




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