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Caminas con nosotros

 

"Jesús en persona se acercó 
y se puso a caminar con ellos." 
(Lc24,13-35).

 

 

“Cristo, vivo, encuentra muertos los corazones de los discípulos… Iba con ellos como compañero de camino y Él mismo era el guía. Lo veían pero no lo reconocían. Sus ojos estaban enturbiados, lo que les impedía reconocerlo. No estaban turbados para verlo, sino para reconocerlo. ¿Y dónde quiso que lo reconocieran? En la fracción del pan. No nos queda duda: partimos el pan y reconocemos al Señor” (San Agustín)

El evangelio nos presenta el relato de la aparición del Resucitado a dos de sus discípulos que –rumiando con gran tristeza sus dudas y desilusiones– se encaminaban de Jerusalén a Emaús, a fin de reemprender su vida ordinaria. Dos discípulos van camino de Emaús. Se alejan de Jerusalén, del testimonio de las mujeres, de lo que dijeron alguno de los suyos, de lo que anunciaron los profetas. Su incredulidad será fe cuando Jesús Resucitado les explica las Escrituras y parte el pan. Con gran maestría nos muestra aquí san Lucas lo que ha de ser el itinerario espiritual de todo cristiano. Todos estamos llamados a pasar, progresivamente, del desencanto a una fe entusiasta y madura en ese Jesús, a quien podremos descubrir cada vez que lo deseemos, en su Palabra, en su Eucaristía y en la Comunidad de los creyentes.


"Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos."
Está palabra se cumple hoy y cada día de nuestra vida. Es Jesús y su Espíritu el que anima nuestro camino, lo inspira, y modifica nuestra forma de recorrerlo. Ya no estamos solos. Siempre el Resucitado envía a sus ángeles, del suelo, que nos esperan en el lugar dónde él esta. Los de Emaús caminaban entristecidos, defraudados. Jesús camina a su lado, a su ritmo, y es fruto de un diálogo como se les enciende el corazón.

También el Resucitado camina a nuestro lado, acoge las inquietudes de nuestro corazón, resitúa lo vivido y nos muestra su significado. Dejemos que se nos haga el encontradizo en nuestro camino.


“Lo reconocieron al partir el pan.”
Un gesto, un simple gesto cargado de contenido y que identificaba al Resucitado con el mismo que les eligió para seguirle, el mismo que les anunció la misericordia infinita de Dios, el mismo que pasó por el mundo haciendo el bien. Partir el pan fue su vida y su mensaje salvador.

 

Jesús, por tu cercanía y tu palabra, 
por tu pan partido y repartido, 
me ha nacido una historia 
que cuento a todos.
 

 

 

 

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