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Ponte en camino

 


«¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?...» 
(Lc 1, 39-45)

Estamos ya en el umbral de la Navidad. María viene a nuestro encuentro, ejemplo de cómo el creyente debe esperar al Señor. Para ella, la Navidad no era la de las decoraciones festivas y luces. Fue una verdadera Navidad, el nacimiento de un niño que estaba cambiando toda su vida.

Y María, embarazada, fue al encuentro de quien la necesitaba: Isabel. Así hemos de actuar… acercando nuestra mano a quien la necesitan. 
 
Ponte en camino como María. Hay mucha gente que todavía espera una palabra de aliento, una luz en sus noches, una mano en sus caídas...

Aprendamos de Isabel y 'bien-digamos' de los otros, de aquellos que se acercan a nuestra vida, con los  que compartimos vida, trabajo, tarea, tiempo... Facilitemos encuentros que bendigan y que nos hagan 'saltar' de alegría.
 


Gracias por María
Gracias, Señor, por María que nos enseña
en adviento a prepararnos para celebrar
el nacimiento del Niño Jesús.
Entre dudas y preguntas María da su sí al Ángel,
confía totalmente en ti,
tú, Dios nuestro, habitas en ella,
la llenas de gracia y de alegría
porque ella sabe que para Dios nada es imposible.
Impulsada por el Espíritu María va aprisa,
no puede esperar más, quiere ser altavoz de Dios,
quiere dar la buena noticia de que tú, Señor,
siempre cumples las promesas,
y exultas de alegría los corazones.
Señor, que en estos días de la navidad,
Miremos a María la dichosa entre las mujeres,
la modelo de creyente, la que nos trajo a Jesús,
la que nos enseña a ir a prisa a servir a Jesús
en tantos hermanos que nos necesitan.
Que acojamos a Jesús como María y seamos
altavoces que anuncian su llegada inminente,
Ven, Señor, ven Salvador


 

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