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La cercanía de Dios

 

Y nosotros, ¿qué debemos hacer?  
(Lc 3, 10-18). 

 

Con esta pregunta el Evangelio nos recuerda que la vida tiene una tarea para nosotros. La vida es un regalo que el Señor nos hace, diciendo: ¡descubre quién eres, y trabaja para cumplir el sueño que es tu vida!

El mensaje del evangelio nos anuncia que Juan que bautiza con agua espera el fuego, la luz (a Jesús). 

Estamos llamados a descargar en nuestra vida la LUZ.

Haz un hueco y prepárate para instalar a Jesús en tu vida.

Será la mejor aplicación para ser feliz.

Estemos alegres.

La liturgia de la Iglesia nos invita insistentemente a la alegría verdadera, la que brota de Dios y acogemos en nuestro corazón, la que tiene a Dios como horizonte y la que lo espera todo de Dios.


Esta alegría ha de vivirse en la sobriedad, en la templanza, en la adoración, en el silencio de Belén.

“Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres” (Flp 4, 4-7)

La Navidad nos hace experimentar la cercanía de Dios. Dios es un Dios de hombre, que no está lejos de nosotros sino que está a nuestro lado compartiendo y sufriendo con nosotros en nuestra historia. Y nosotros ¿Qué debemos hacer? Esta cercanía de Dios nos lleva a acercarnos a los hombres, sobre todo a los que sufren para tratar de llevarles a ellos alguna Buena Noticia.

 

Que el desaliento no se apodere de nosotros porque tenemos la misión de dar alegría y esperanza a quienes no tienen fe.

Dios Bueno y Misericordioso, Tú nos amas tanto a todos nosotros,que nos recuerdas a cada uno cómo debemos comportarnos para convertirnos a Ti y a tu Amor.
Ayúdanos cada día de este Adviento a estar atentos, para estar alerta a tu Venida, y preguntarte con valentía qué debemos hacer, para escuchar tu Voluntad a través de tu Palabra, en cada hermano, en los momentos de Oración, y de Encuentro personal contigo en la Eucaristía.
Ayúdanos a aceptar el buen consejo de María, que como Buena Madre nuestra, nos indica siempre que hagamos lo que Tú nos dices al corazón.
Ayúdanos a ser generosos y a compartir nuestros bienes materiales, nuestro tiempo, nuestras cualidades y todo lo bueno que tenemos porque Tú nos lo has regalado, porque nos amas.
Gracias, porque hoy nos recuerdas, Dios Bueno, que estamos llamados por Ti a ser profetas y testigos de la alegría de tu Buena Noticia, en medio del mundo, en nuestra sociedad, en el trabajo, en nuestra familia, con los amigos, y a anunciar, sin cansancio, el Evangelio a todos.
¡Gracias porque Tú nos envías a la gran misión de ayudar a otros a encontrarse contigo!  Amén

 


 

 

Concédeme, Señor

Estamos, Señor en adviento preparándonos para la Navidad.

Concédeme, Señor, el don de la ALEGRÍA,

la alegría de hacer felices a los demás,

la alegría de tenerte como amigo y salvador,

la alegría de sonreírte a ti pase lo que pase.

Concédeme, Señor, el don de tu LUZ,

que descargue cada día la luz de tu Palabra,

que tú me lleves de la mano superando las oscuridades,

que tú seas la luz de mi vida.

Concédeme, Señor, el don de COMPARTIR,

compartir mis cosas, lo que tengo,

compartir mi sonrisa y mi vida,

compartir para ser feliz.

Sé tú mi alegría, mi luz, mi regalo…

Sé tú mi música, Señor.


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