Ir al contenido principal

Me buscas, me llamas y me amas

 


 
“Vuestro Padre del cielo 
no quiere que se pierda 
ni uno de estos pequeños” 
(Mt 18,14)  

 

—Va en busca de la perdida
Tú, Señor, no quieres que se pierda ninguno de tus hijos.

Quieres tenernos a todos contigo en el cielo.

Eres el buen pastor que nos buscas con amor y dolor cuando nos perdemos por nuestros pecados.
Verdaderamente no quieres la muerte del pecador sino que se convierta y viva.

Tú persigues al pecador, y no paras hasta que lo encuentras.

Qué consoladoras son esas palabras tuyas, Señor: no he venido a buscar a los sanos sino a los enfermos.
En mis horas de lucha y de oscuridad, no dejes nunca de buscarme Jesús; no permitas nunca que me pierda, que me separe de Ti.

Hazme experimentar tu infinita misericordia.

Cógeme y ponme sobre tus hombros.
Oh Señor, ayúdame a imitarte en la solicitud por la oveja descarriada.

Que nunca desprecie a nadie, aunque me parezca que se equivoca o que hace el mal.

Enséñame a amar como Tú amas, a ser misericordioso con todos, especialmente con los más necesitados.

Si Tú viniste a buscar a la oveja perdida, quiero seguir tu ejemplo.

—Vuestro Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños
Tú, Jesucristo, eres el rostro del Padre, la impronta de su ser.

Quien te ve a Ti le ve a Él…

Eres la encarnación de su amor infinitamente misericordioso.

Por eso tu imagen como Buen Pastor de mi alma me expresa el amor infinito con que me ama el Padre de los cielos.
¡Cuánto me cuesta comprender que en el cielo hay más alegría por un pecador que se convierte que por noventa y nueve que no necesitan penitencia! Tu amor es verdaderamente desconcertante.
Además, tienes predilección por los pequeños y por los pobres.

Y yo soy muy pobre y muy pequeño.

Y quiero hacerme cada día más pequeño en tus brazos divinos.

Quiero no cansarme nunca de estar empezando siempre en este camino de la santidad, para así intentar llenar tu Corazón de alegría.

Señor, lo más importante no es:
- que yo te busque, sino que tú me buscas en todos los caminos (Gn 3,9);
- que yo te llame por tu nombre, sino que tú tienes tatuado el mío en la palma de tu mano ((Is 49,16);
- que yo te grite cuando no tengo ni palabra, sino que tú gimes en mí con tu grito (Rm 8, 26);
- que yo tenga proyectos para ti, sino que tú me invitas a caminar contigo hacia el futuro (Mc 1,17);
- que yo te comprenda, sino que tú me comprendes en mi último secreto (1 Cor 13, 12);
- que yo hable de ti con sabiduría, sino que tú vives en mí y te expresas a tu manera (2 Cor 4, 10);
- que yo te guarde en mi caja de seguridad, sino que yo soy una esponja en el fondo de tu océano (EE 335);
- que yo te ame con todo mi corazón y todas mis fuerzas, sino que tú me amas con todo tu corazón y todas tus fuerzas (Jn 13, 1);
Porque, ¿cómo podría yo buscarte, llamarte, amarte... si tú no me buscas, me llamas y me amas primero?


 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

"Señor, enséñame a orar"

“Cuando oréis decid: “Padre”  (Lc 11,2).    Los discípulos fascinados por las palabras y gestos de Jesús se preguntan: ¿De dónde le nace tanta vida al Maestro? Por eso le piden que les muestre el manantial que lleva en el interior, que les enseñe a orar, que les revele “eso” que le lleva a entregar la vida, gratuitamente, por los caminos.   Acoge en silencio profundo la palabra más bella, más entrañable y más nueva que Jesús lleva en su corazón: ¡Abba!   ¿Cuántas veces has dejado de orar? Por dejadez, desánimo...hay mil causas. El Padre es bueno, te espera paciente y sabe que en el fondo de tu corazón anhelas estar cerca de Él. Dile confiado: "Señor, enséñame a orar" En este mundo a veces tan chato y funesto donde pareces no estar, Señor, enséñanos a orar.  Sí, enséñanos a orar, a tener claro y a recordar que somos tuyos y no nuestros. Orar es conectar con la raíz del ser; es entrar en la onda del Padre, sin...

SAN JOSÉ

Salve, José, amante y tierno padre. Salve, guardián de nuestro Redentor. Esposo fiel de tu bendita Madre y salvador del mismo Salvador. Al buen Jesús pudiste ver sin velo y sobre ti sus miembros reclinó. Al Hacedor de tierra, mar y cielo con cuánto amor le besas y te besó. ¡Oh, qué feliz el nombre de Hijo que dabas! Ninguno fue por Dios tan encumbrado como tú, José. ¡Oh, fiel guardián de nuestro Redentor! Dichoso aquél, José, que tú proteges y el que con fe te invoca en la aflicción, jamás, jamás lo dejas sin amparo y protección. ¡Oh, San José, amante y tierno padre, santo sin par y espejo de virtud! Haznos amar a la divina Virgen y a nuestro Dios y Salvador. “Protege, oh bienaventurado José, protégenos en nuestras tribulaciones. Defiéndenos de las asechanzas del demonio, protégenos con tu patrocinio, y ayúdanos y sostennos con tu auxilio para que podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza”. (León XIII)

Gracias, Señor.

El titulo de esta entrada me la ha do el Papa Francisco esta mañana en su tuit  @ Pontifex_es Termina un año y estamos a punto de comenzar uno nuevo. Se cierra un libro y empieza un nuevo libro con las paginas en blanco. Hoy es un buen momento para hacer balance del año, pedir perdón, dar gracias y pedir ayuda.  En el año que termina ha habido de todo, pero la certeza del amor de Dios ha estado conmigo todos los días. Su ternura la he sentido muchas veces, y muchas veces su mano me ha levantado. Gracias, Señor porque no termino el año sólo y el nuevo lo puedo empezar contigo. Por eso yo no le pido nada al 2015, yo se lo pido a Dios. En tus manos Señor pongo mi vida en este nuevo año 2015