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“Id y proclamad diciendo 
que el Reino de los cielos está cerca. 
Curad enfermos, resucitad muertos, 
limpiad leprosos, arrojad demonios. 
Gratis habéis recibido: dad gratis”. 
(Mt 9, 35-10,1,6-8)

 

Jesús, “al ver a las gentes, se compadecía de ellas,
porque estaban extenuadas y abandonadas
“como ovejas que no tienen pastor”.
A Jesús le duele la gente abandonada.
A Jesús le duele la gente extenuada.
A Jesús le duele la gente abandonada.
“Y siente compasión de ellas”.

Y Jesús nos envía a anunciar esperanza en medio del sufrimiento.
Jesús nos envía “a anunciar que el Reino está cerca”,
ya está actuando.
Nos envía a “llevar palabras de esperanza”.
Nos envía a “llevar la alegría de que algo va a cambiar”.

No con simples palabras.
Sino con gestos de “compasión y solidaridad”.
“Curad enfermos”.
Curad los cuerpos de los que sufren.
Llevadlos al médico o compradles medicinas.
Curad las almas de los que sufren.
Llevadles el consuelo de vuestro amor.
Curad la soledad de los que están solos y abandonados.
Visitándolos y haciéndoles compañía.

“Resucitad muertos”.
Dad ánimo a los que viven muertos por la desesperanza.
Resucitad la alegría que los problemas de la vida esconden.
Resucitad almas muertas por el pecado, acercándolas a Dios.
Resucitad la fe que se ha muerto en tantos corazones
haciéndoles sentir que Dios los siguen amando y esperando.

“Limpiad leprosos”.
Limpiad el rostro sucio de tanto niño abandonado.
Limpiad el rostro del anciano que no tiene agua en casa.
Limpiad el rostro del enfermo con el paño húmedo de vuestra caridad.
Limpiad los vestidos ya desgastados, regalando unos nuevos.
Limpiad los corazones manchados por el desamor, regándoles amor.

“Arrojad demonios”
Arrojad el desaliento con nuevas esperanzas.
Arrojad la tristeza, regalándoles vuestra alegría.
Arrojad la mentira, ayudándoles a descubrir la verdad.
Arrojad el engaño, regalándoles vuestra sinceridad.
Arrojad la resignación, despertando ilusiones.

“Dadlo gratis”.
No vendáis vuestros servicios.
No compréis con lo que dais.
Hacedlos libres, porque yo os he liberado.

Está bien hagamos oraciones y peticiones en preparación a la Navidad.
Pero “tengamos los gestos de Dios con los hermanos”.
El camino de la Navidad hay que sembrarlo de esperanza.
Donde los demás digan no, nosotros digamos sí.
Donde los demás digan imposible, nosotros sembremos posibilidades.

 

-Gracias a tu sí Madre. Vivimos este Adviento sabiendo que Él 'se apiadará de nosotros al oír nuestro gemido'. Que al ver la muchedumbre, la humanidad rota y herida, se compadece de nosotros. ¡Dichosos nosotros que esperamos en el Señor sabiendo que gratis hemos recibido!

-Que en este Adviento nuestro corazón sea como el de María: Casa de puertas abiertas para recibir al Redentor y poderle adorar.

Aquí estoy, porque me has llamado, Señor.
Aquí estoy, para entrar en tu proyecto y hacerlo carne
en mi vida.
Aquí estoy, Señor Jesús,
y quiero aceptar tu plan con riesgo
y lanzarme a tu programa de vida,
en tu manera de vivir para alumbrar vida.
Aquí estoy, Señor Jesús,
para cumplir tu voluntad,
la misma que tú cumpliste en la llamada del Padre.
Aquí estoy, en Comunión
para hacer de mi existencia
llama que no se apague.
Quiero ser, Señor Jesús, como la arcilla en tus manos.
Me pongo en tus manos, Señor de mi vida
para que se realice tu obra.
Tú estás presente
en la fuerza de tu Espíritu que hermana a los hombres
que se olvidan de sus cosas y se dan sin recibir nada.
Tú estás presente, Señor, en tu espíritu.
Tú caminas conmigo.
Amén.


 

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