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Sabiduría de Dios

 


 

“Dijo Jesús a la gente: Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: “Tiene un demonio”. 
Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: 
“Ahí tenéis a un comilón y borracho, 
amigo de publicanos y pecadores”. 
 (Mt 11,16-19)

 

¡Qué difícil es acertar cuando uno vive dependiente de lo que dicen los demás!
Juan era un hombre austero, “no comía ni bebía”.
“Tenía un demonio”.
Ahora Jesús “come y bebe”.
“Es un borracho y comilón”.
Total, que no acertamos.

La gente tiene que hablar de todo.
Y la gente tiene que calificar a todos.
Pero dejándolos siempre mal.
¡Qué difícil es aceptar a la gente como es!
Diera la impresión de que la murmuración llena nuestra mente y nuestro corazón.

Somos lo que somos.
Y el único juez de nuestras vidas es el Señor.
Lo único que nos da la razón es la “sabiduría de Dios”.
No podemos pasarnos la vida pendientes de lo que dicen de nosotros.
No podemos pasarnos la vida preguntándonos que piensan los demás.
Mi única verdad es lo que Dios sabe y piensa de mí.
Aunque los demás me critiquen y murmuren de mí.
Mi verdad no depende de lo que piensan los otros.
Mi verdad no depende de lo que dicen los demás.
Mi verdad no depende de lo que murmuran los demás.

Juan no cambió de vida, a pesar de lo que decían de él.
Siguió viviendo el estilo de vida que Dios le inspiró.
Tampoco Jesús cambio de actitudes y comportamientos.
Siguió comiendo y bebiendo.
Siguió comiendo en casa de pecadores.
Por más que sus enemigos lo tuviesen siempre en su punto de mira.
Por más que sus enemigos le criticasen.

No soy mejor por el hecho de que los demás no acepten mis comportamientos.
No soy mejor por el hecho de que los demás murmuren de mí.
Mi único criterio:
No es el criterio de los demás.
No es la vida de los demás.
Sino el criterio de la sabiduría divina.
El criterio de mi propia conciencia.
El criterio del Evangelio.

No juzguemos a nadie.
No pensemos mal de los otros,
Y si algo malo vemos en los demás, ayudémosles fraternalmente con la corrección.
La chismografía y murmuración hasta ahora no ha hecho a nadie santo.
La corrección fraterna es posible nos haya ayudado a ser mejores.

Señor: muéstrame tú cómo soy y hazme como quieres que sea.

 Señor, te doy gracias por todas las personas que hoy se encontrarán conmigo,
cada una con su forma de pensar, sentir y actuar;
todas están creadas a imagen y semejanza tuya,
de todas puedo aprender algo bueno,
todas me pueden enriquecer.
En el fondo, todas son un regalo tuyo.

Sin embargo, a veces estoy cerrado,
agrando los defectos de las personas
para no aprender de nadie, para no cambiar.
Unas me parecen demasiado estrictas, otras muy permisivas,
algunas poco modernas, otras demasiado.

Señor, ayúdame a descubrir el don de todas las personas,
a comprender y seguir el mensaje que tú me ofreces a través de cada una.
Conviérteme, para que también yo sea regalo tuyo para los demás. Amén.


 

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