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Así amó Dios al mundo



"El Hijo del hombre tiene que ser elevado para que todo el que cree en él tenga vida eterna". 
(Jn 3,14.21)

El cuarto Domingo de Cuaresma se llama Domingo "laetare", esto es, de la alegría.
Esta alegría es posible porque encuentra su fundamento y su razón en el hecho de que Dios nos ama.
Sólo porque Dios nos ama podemos creer en el amor y dar calor a este mundo.
Y nosotros hemos creído en el amor.
Esta es la razón por la que podemos estar llenos de alegría.

"El Hijo del hombre tiene que ser elevado para que todo el que cree en él tenga vida eterna".
Gracias, Señor, por tu gran amor hasta incluso la cruz.
Tú eres nuestra luz y vida.


Para ser plenamente felices debemos atravesar el mar de esta vida, pero sobre el madero de la CRUZ.
Es él quién nos guía.
"El capitán del barco es Cristo, sentado en el leño de la cruz" San Agustín (en. Ps. 103 IV, 5)

"No encontrarás el amor sin la Cruz, y no levantarás la Cruz sin amor", dijo San Juan Pablo II.

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único...”
Dar lo mejor que uno tiene, lo que más quieres en tu vida, como signo de que la otra persona te importa.
Así de chulo, generoso y elegante es nuestro Dios.
¡Chapeau!

Sólo el amor es la luz que puede iluminar las tinieblas de nuestras inseguridades y miedos... porque cuando amas lo entregas todo sin temor

Sin amor el mundo entra en la edad glacial.
Demasiadas traiciones y decepciones.
Quien ha sido traicionado o herido una vez tiene miedo de amar y ser amado porque sabe lo mal que se siente ser engañado.
Sólo porque Dios nos ama podemos creer en el amor y dar calor a este mundo.

No ha venido a juzgar sino a liberar; no a condenar, sino a salvar. El corazón de Dios es compasivo y misericordioso.
No temas, pon en Él tu confianza.
Su gracia te rescata del polvo.

No acabamos de darnos cuenta de lo que significa el amor de Dios, inmenso, gratuito, desinteresado, un amor hasta el extremo; hasta darnos a su Hijo para nuestra salvación.

Te damos Gracias, Señor Jesucristo y Dios nuestro,
porque Tú eres la Luz que ilumina nuestro corazón
y tan sólo Tú, Dios nuestro Misericordioso,
nos traes la Salvación de tu Amor a nuestra vida.
¡Gracias, Dios Bueno y Misericordioso, porque Tú
nos amas siempre con amor gratuito, y sin medida!
Tu Cruz nos salva al ser elevada, al mirarla nos salvamos,
porque desde ella sanas nuestras debilidades y miserias,
ya que Tú nunca nos juzgas, tan sólo nos amas,
y nos llenas nuestro corazón de tu Misericordia.
Ilumínanos con la Luz de tu Amor para aprender
a amar a cada persona como Tú no has enseñado.
Ayúdanos Tú, Dios nuestro Misericordioso,
a ofrecer nuestra vida, y todo lo que somos,
en beneficio de los demás y buscando el bien común.
Ten Misericordia de nosotros y ayúdanos a abrir
nuestros ojos, nuestro corazón, y todo nuestro ser,
a la Luz de tu Palabra de Vida, para aprender cada día,
que tu Amor a nosotros, con amor a Ti, y a todos, se paga.
Ayúdanos, Cristo y Dios nuestro, a mirar a tu Cruz,
con valentía, porque en ella está nuestra Salvación. 
Amén.



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