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Hagas lo que hagas

 

"Mirad qué hombre más comilón 
y qué borracho, 
amigo de publicanos y pecadores.”   
(Lc7,31-35).

 

 

Jesús critica a su generación: buscan señales pero desoyen la sabiduría. Este rechazo al mensaje divino refleja una sociedad ciega ante la verdad, atrapada en el ruido y la superficialidad. En un mundo que ignora la esencia, la salvación se convierte en un eco distante.


En muchas ocasiones los creyentes tenemos la impresión de vivir desacompasados con nuestro mundo: "Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos entonado..." Es posible que el reino de Dios crezca así, en la falta de sintonía. Pero la verdad y la sabiduría están de su parte. «¿A quién compararé los hombres de esta generación?» Que ni bailan ni dejan bailar, vivimos un tiempo en el que la libertad está en peligro, todo debe ser dirigido por el pensamiento único y cuando se construye una vida desde una forma de hacer distinta es insultado y marginado.

Y si hoy pedimos al Señor que nos afine el oído para percibir qué melodía hemos de danzar, y subrayar aquello valioso que nos aportan quienes nos rodean.


«Comilón y borracho»
Así hablaban de Jesús. De todo lo que hizo y vivió, se quedaron con datos periféricos e ignoraron lo esencial. Así veían los contemporáneos de Jesús lo que vivía y hacía. Se quedaban con las apariencias, eran incapaces de profundizar. Nos puede pasar a nosotros lo mismo. Fijarnos en la apariencia, en la superficie, y no ahondar en lo profundo que ocurre cada día. Hay milagro en todo. Vivir es un don, un regalo, no una exigencia. Yo soy un tesoro que descubrir, para mí mismo y para los demás. Ojalá abramos los ojos y descubramos la posibilidad de amarlo todo y de amar a todos.

Jesús comía con la gente, hacía de su mesa lugar de encuentro. Su mesa era una mesa de fiesta. Nuestra mesa de encuentro y fiesta, de celebrar y compartir, de ofrecer su Palabra y su misericordia, es suya, no nuestra. 

 

Hazme Tú

Tú que eres amor, invádeme.
Tú que eres Santo, santifícame.
Tú que eres Fuente Viva, sáciame.
Tú que eres Entrega, utilízame.
Tú que eres Presencia, envuélveme.
Tú que eres Plenitud, lléname.
Tú que eres Centro, céntrame en ti.
Rebósame de Ti y muéstrame tu rostro.
Hazme capacidad.
Hazme silencio.
Hazme tú.


(Madre Caridad)


 

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