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'De dos en dos'


“Los fue enviando” 
(Mc 6, 7-13)

El Señor sigue llamando hoy. Todos tenemos la misión de hacer crecer la vida, de humanizarla, de ser creadores de comunión, de vida fraterna y solidaria. Abandonar seguridades que nos paralizan y fundamentar la vida, no en las propias fuerzas, sino en la confianza en el Padre.
Jesús, ante la dificultad que puede presentar mi testimonio cristiano cada día, es maravilloso confirmar que no estoy solo. Tú pones personas en mi camino para que me ayudan y, al mismo tiempo, yo puedo ayudar a otros.
El verdadero discípulo de Jesús es alguien desinstalado, que camina apoyado en el Señor y no en sus propias fuerzas, para llevar al mundo, como un tesoro en una vasija de barro, el amor del Padre, providente y misericordioso.
Salir, conversión, echar, ungir, curar, verbos de los que está necesitada nuestra sociedad. Acciones que podemos hacer porque alguien nos llama, nos envía y nos da autoridad. No por méritos sino por gracia. Para servir a los demás, no para servirse de los demás.
'De dos en dos'. Estar juntos, compartir misión me da la posibilidad de mostrar que el amor cambia el mundo. Tengo a alguien a quien amar, un hermano. Donde no llego, el otro va a llegar con mi ayuda.
El Papa Francisco no se cansa de repetir que todos los bautizados están llamados a evangelizar, no tienen que esperar a que nadie les dé permiso. Sí, deben conocer las verdades elementales de nuestra fe para proponerla adecuadamente. Pero, como él suele decir, no esperemos a saber mucha teología para hablar de Dios a los demás.

Me llamas y me envías.
Nos envías, de dos en dos.
No quieres que vaya solo.
Mi fe se apoya en Ti y en mi compañero de misión.
Mi compañero se apoya en Ti y en mi.

No quieres que lleve muchas cosas.
Un bastón y nada más.
Ni pan, ni alforja, ni dinero...
Para cumplir tu misión no necesito casi nada.

Para transmitir tu amor
sólo es preciso que me deje amar por Ti
y que ame, sirva y me entregue como Tú.

Para transmitir tu perdón
sólo es necesario que yo me deje perdonar por Ti
y que perdone como Tú me perdonas.

Para transmitir tu Palabra
sólo es menester que abra mis oídos para escucharte
para que mis palabras y mi vida hablen de Ti.


Para transmitir tu alegría
sólo es preciso que mi corazón se acerque al tuyo,
para que ni la peor noticia arrugue mi sonrisa.

Para transmitir tu consuelo
sólo es necesario que ponga en tus manos mis agobios
y contagie mi esperanza a los que sufren.

Me has llamado, Jesús.
Tú sabes lo que haces.
Aquí estoy. Envíame.


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