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Juntos proclamamos la grandeza del Señor.




“¿Quién soy yo para que me visite 
la madre de mi Señor?”  
(Lc 1,43)
 
Terminamos el mes de mayo con la festividad litúrgica de la “Visitación de María”. 
Más allá de la ayuda de María a Isabel, el evangelio habla de dos mujeres que actúan movidas por la presencia del Espíritu.
El Espíritu mueve a comunicar y compartir los dones recibidos gratuitamente de Dios.
Esto es fuente de alegría profunda y motiva la acción de gracias y la alabanza de Aquél que jamás se olvida de amarnos y desea colmar a todos con sus dones.
Sólo hay que tener la humildad de reconocer la propia pequeñez y abrirle el corazón.

- Que no nos guardemos 
para nosotros solos las alegrías. 
Que comuniquemos generosamente al mundo 
la gran alegría del evangelio con rostro transfigurado, 
con corazón que reviente de alegría.
Como María, nuestra Madre.


María refleja la luz de Cristo en cada palabra, en cada mirada, en cada encuentro.
Como nueva arca de la alianza, todo lo siembra de serena alegría. 
Trabaja, habla, relaciónate, pero hazlo consciente de que llevas dentro de ti a Jesús. 

Y tú María, sin decir nada, 
me visitas y me llenas de gozo. 
Juntos proclamamos la grandeza del Señor. 

- Acompaña, María, 
a todos tus hijos e hijas para que sepamos 
adquirir tu capacidad de recibir los dones de Dios 
y compartirlos con los demás.



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