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"Dejándolo todo, lo siguieron"
 
(Lc 5,1-11).

Jesús predica desde una barca. Un lugar sencillo y cotidiano. Un espacio de trabajo y esfuerzo. Los pescadores están lavando unas redes que no han pescado nada. Pedro va a remar mar adentro, a un lugar donde solo la confianza en Jesús es plena, y las redes reventarán.

«Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». Ante lo negativo solemos apartarnos, y pensamos que Jesús hace lo mismo. Lo feo, lo roto, lo enfermo, lo desagradable o doloroso, no suele provocar grima. Huimos, rechazamos lo no bello o amable. Y el amor de Dios es otra cosa, es acercarse precisamente a lo pecador, a lo herido, a lo que da vergüenza, para restaurarlo y sanarlo. Ámame cuando menos lo merezca, porque más lo necesito.

"Por tu palabra, echaré las redes". El evangelio de hoy es una invitación a la confianza. Jesús tiene una palabra de vida que quiere compartir y que se vuelve propuesta de acción al entrar mar adentro Busca un sitio tranquilo, cierra tus ojos y escucha. Deja ruidos atrás y céntrate solo en lo que Dios susurra en tu corazón. ¿Qué te dice? Él tiene una palabra para ti. De ti depende pasar del tema o fiarte de Él.

Tu Palabra será mi guía, 
no quiero escuchar otra cosa en mi vida. 
Será, Señor, tu Palabra la que me haga bailar, 
la que me haga sentir, la que me haga caminar. 
Primero se llenará mi corazón de tu Palabra, 
luego mi vida de los encuentros que ella produce, facilita y anima.
La Palabra que Tú me das me mueve por dentro, 
remueve mis entrañas y rompe las telarañas de mi comodidad... 
sé que me lleva a seguirte.


"Dejándolo todo, lo siguieron"
En esta frase el evangelista Lucas condensa toda la generosidad que requiere el seguimiento de Jesús. Nosotros que tantos cálculos hacemos valorando riesgos, hemos de comprender que no hay otra forma de seguirle que dándolo todo, incluso dándose uno mismo totalmente, sin medida.

«Dejándolo todo, lo siguieron» No caben medias tintas a la hora de vivir nuestra vida de creyentes, o todo o nada. Cuando hablamos de seguimiento, estamos hablando de una vida que muestra lo que somos, de quién nos hemos fiado y, sobre todo, el testimonio de tenerlo con nosotros.

Presta tu vida al Señor, rema mar adentro y, en medio del mundo, sé su voz, sus manos,  sus pies y su corazón.  María nos anima a embarcarnos para que, con las indicaciones del Señor, la pesca sea abundante. ¡Subamos a la barca segura! ¡Hemos escuchado su enseñanza que sedujo nuestro corazón! ¡Dejemos que el timonel de nuestras vidas, María,  la dirija mar adentro para recoger frutos de eternidad!
 

 

 


 

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