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Por la Cruz

 


"Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto."
 
(Lc 9,43-45).

Nos dan miedo las preguntas que no sabemos responder. Vivimos con un deseo grande de controlarlo todo. Los tiempos, los ritmos, los imprevistos, a las personas. Nos gustaría manejar el tablero y las piezas, como jugadores de ajedrez. Pero la vida es mucho más misteriosa y maravillosa. No intervengo yo sólo en la construcción de mi historia. Está la acción providente de nuestro Dios que nos acompaña y la libertad de los demás para decidir y elegir. Sólo podemos acoger y agradecer.

Nunca dejará de sorprendernos el camino trazado por Jesús para salvarnos. El anuncio de su pasión y muerte desconcierta hoy tanto como en el siglo I. Como que todos esperásemos fuera de otra manera. Pero Dios tanto nos ama que muere de amor y nos salva. Camino claro pero difícil.


Hay cosas en las que Jesús no se cansa de insistir. Les avisa una y otra vez: ha de ser entregado en manos de los hombres. Pero ellos no entendían. Sabían que Jesús era el Salvador, pero no les cabía en la cabeza que la salvación pasara necesariamente por el sufrimiento. A todos nos cuesta entender el dolor y la muerte. Sin embargo, si queremos ser fieles a Dios, si queremos hacer presente su amor, en algún momento nos vamos a encontrar con el rechazo de muchos, nos toparemos con la cruz.

Hablar de la Cruz es hablar de muerte, pero también de vida.
Hablar de la Cruz es hablar de entrega.
Hablar de la Cruz es hablar del amor.
Hablar de la Cruz es cambiar de criterios,
de modo de pensar, de modo de ver.

Por eso, Jesús insiste en que sus discípulos comprendan bien el misterio de la Cruz. “Meteos bien esto en la cabeza”.


Por la Cruz a la Pascua.
Por la Cruz a la vida.
Por la Cruz a un mundo nuevo.

Jesús sabe que no va a ser fácil para Él anunciar el reino. Los poderosos van a preferir el poder que tienen al amor que se les anuncia, mantener sus estructuras a la novedad del reino. Jesús no cambia, los discípulos mantienen la esperanza que no será así. A nadie nos gusta el dolor, pero todos necesitamos la verdad y la honestidad para ser felices, para ser quien somos.

Me descalzo ante ti, mi Señor, porque el terreno que piso es santo. No comprendo tu actuar, sobrepasa mi saber, confío en tu palabra y en tu amor. Señor, cuando las cosas van muy mal y estoy descorazonado, recuérdame tu Pasión. Entonces seré capaz de avanzar, con la creencia de que tú has derrotado radicalmente el mal del mundo desde su interior


 

 

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