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Caminando

 


"Jesús iba caminando de ciudad en ciudad 
y de pueblo en pueblo, 
proclamando y anunciando la Buena Noticia 
del reino de Dios" 
(Lc 8,1-3).

Jesús es itinerante, anda entre pueblos y ciudades. En el camino hace discípulos y anuncia el reino de Dios. Si queremos revitalizar nuestra fe tenemos que mirar a Jesús, ver cómo actúa, por dónde se mueve y qué es lo que hace. En él tenemos las claves para no perder el norte.

Jesús sigue caminando por calles y plazas pero ahora lo hace a través de nosotros. Su Espíritu nos habita y es el que inspira y crea actitudes como las suyas. Cada vez que aparece la generosidad, la escucha activa, la acogida, el perdón, la alegría es Jesús mismo quien nos la regala. Podemos decir cada vez con más convicción lo que san Pablo escribe a los Gálatas: "Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mi".

Jesús camina proclamando y anunciando el reino de Dios. Lo acompañan los Doce y algunas mujeres. Conocemos el nombre de varias mujeres que seguían a Jesús. El evangelista escribe sus nombres, eran importantes para Jesús, eran importantes para la primera comunidad cristiana cuando se escribe el Evangelio. Discípulas de Jesús, Él las llamó, ellas le siguieron, sabemos sus nombre, sabemos quiénes eran. Mujeres con nombre: María Magdalena, Juana y Susana. Mujeres liberadas y amadas en su vulnerabilidad. Mujeres con medios económicos. Mujeres que le sirven. Mujeres que le siguen. Hoy como entonces, la mujer está convocada a contribuir a la misión de la Iglesia con su inteligencia, su sensibilidad y fortaleza, su piedad, su celo apostólico y su afán de servicio, su capacidad de iniciativa y su generosidad. Cada detalle de cariño hacia los demás es un servicio a Cristo, que entra en los corazones de los que están a nuestro lado.

Pidamos a Dios Padre su Espíritu para que seamos los compañeros fieles de Jesús, como lo fueron estas mujeres y continuemos su proyecto de vida con el ejemplo de la nuestra. Dame, Señor, tu Espíritu de fortaleza. Haz que mi vida se misionera de alegría. Que a todos les anuncie lo inmensidad de tu amor

Bienaventuranzas del Misionero

Bienaventurado el MISIONERO que vive enamorado de Cristo, que se fía de El cómo de lo más necesario y absoluto, porque no quedará desilusionado.
Bienaventurado el MISIONERO que mantiene su ideal y su ilusión por el Reino y no pierde el tiempo en cosas accidentales, porque Dios acompaña a los que siguen su ritmo.
Bienaventurado el MISIONERO que no tiene nada, y lo que es y posee lo gasta en servicio de sus hermanos, porque Cristo será toda su riqueza.
Bienaventurado el MISIONERO que se sabe necesario donde la Iglesia lo reclame, pero que en ningún lado se siente indispensable, porque experimentará el gozo del deber cumplido.
Bienaventurado el MISIONERO que sabe poner su oído en el corazón de Dios para escuchar sus deseos, porque el Espíritu lo ayudará a discernir los acontecimientos.
Bienaventurado el MISIONERO que no se enorgullece de sus éxitos y reconoce que el Espíritu hace todo en todos, porque se verá libre de ataduras.
Bienaventurado el MISIONERO que siempre tiene un tiempo para contemplar a Dios, a los hombres y al mundo, porque habrá entendido el valor de ser hijo, hermano y señor.
 

 

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