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Buenas noticias

 


El Espíritu del Señor está sobre mí, 
porque él me ha ungido.  
Me ha enviado a evangelizar a los pobres… Ningún profeta es aceptado en su pueblo”. 
(Lc 4,16-30).

En Nazaret, lugar pequeño y apartado de la gran ciudad, Jesús proclama con valentía, que en sus gestos y palabras de ternura entrañable se cumple la Escritura. Asómbrate ante la proclamación del Reino que hace Jesús a los pobres, a los marginados, a los oprimidos. Dios los mira con amor y los llena de su gracia.

Los ricos no están para buenas noticias; viven permanentemente preocupados; han de proteger sus bienes y olvidan lo más importante. Son los pobres en el espíritu los que abren su corazón a la buena noticia que viene de Dios, porque son sensibles a todo lo verdaderamente humano.

"Tenían los ojos fijos en él."  Están muy atentos, no tienen ojos para otro. Así tiene que ser también en nosotros. Fijos los ojos en Él. Nada hay más importante que Él. Que nada nos distraiga de Él. Que sepamos mirarle a Él, seguirle y vivir su propuesta. Centremos y fijemos la mirada en Él no solo para admirarlo sino sobre todo para escucharlo, vivir su Palabra y seguirle.


“Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír.”
Dios actúa aunque no seamos conscientes y su Palabra es viva y eficaz, la acojamos o no. Crece como una semilla y se cumple en nosotros. Somos habitados por el Espíritu y cuando paramos los ritmos frenéticos y dedicamos tiempo a contemplar la historia de nuestra vida, reconocemos la obra de esa palabra. Se cumple que Dios nos ama y nos cuida. Se cumple que el amor expulsa el temor. Se cumple que no estamos solos frente a las dificultades.

«Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino» Jesús recibe dos reacciones de sus vecinos. Se admiran de sus palabras. Expresan su aprobación. Lo conocen, saben de su familia y ocupaciones. Él les confronta con su historia. Eso despierta una segunda reacción. Quieren despeñarlo. No siempre es acogida la denuncia.

Cuando uno vive lo que cree, aunque los demás no te escuchen, pasa con la cabeza alta y sabiendo cual es el camino que debe andar. Esa autoridad la tenemos también nosotros si vivimos la certeza de una Palabra que se cumple.


Jesús podía hacer lo que hizo y decir lo que dijo porque estaba ungido por el Espíritu. Pide al Espíritu Santo que te unja, no tengas miedo a su actuar en tu vida y no le impidas venir a tu vida porque te sientas indigno. Recibe al Espíritu Santo para que te llene de dignidad. Pídelo con sencillez:
 
 
“Espíritu Santo, ven a mi vida”.  
Ven, Espíritu de Dios, aquí y ahora 
toca nuestras vidas con tu Buena Noticia. 
Envíanos a quienes no tienen nada 
porque se les ha arrebatado la justicia, 
a aquellos cuya pobreza es no conocerte, 
a quien anda a oscuras cegado por luces engañosas, 
a aquellos amarrados a cadenas que prometían libertad. Ven con tu Agua clara y refresca nuestra tierra en sequía.
 

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