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“Ciento por uno”


 "Otra parte cayó en tierra buena y, después de brotar, 
dio fruto al ciento 
por uno". 
(Lc 8,4-15).
 

El sembrador sale a sembrar. Su semilla no selecciona el tipo de terreno. Lo importante es que caiga en distintas tierras, circunstancias y momentos. El borde del camino podría ser gran calzada. Las zarzas llegar a cortarse. Las piedras ablandarse. Todo es oportunidad.
El Señor siempre está en salida, recorriendo sus tierras, sembrando su semilla. Cuánta generosidad contiene su gesto de sembrar con abundancia y confiando que el terreno receptor dará el treinta, el sesenta o el ciento por uno. Sueña con una cosecha abundante y comparte su sueño. 

La Palabra es una semilla llena de posibilidades, de vida. La Palabra es una semilla para todos, sea tierra buena o sea al borde del camino. La Palabra es la semilla que llena el corazón y que, como tierra fértil que es, hace que se llene de frutos, “ciento por uno”. La Palabra es Él... solo necesita de nuestra tierra, de nuestro sí, para romperse dentro de nosotros y hacer que nos llenemos de los frutos de ella.

Cada vez me encuentro con más personas que son tierra buena. Corazones que cada día se abren a acoger las circunstancias con ánimo y confianza. Vivir no es fácil. Hay muchos retos, complicaciones, relaciones complicadas, decisiones que tomar. Pero cuando nos detenemos un momento y miramos hacia atrás sólo podemos dar gracias por el fruto abundante que vamos dando. Ciento por uno de amor y de alegría.

El corazón noble y generoso es el que acoge al Espíritu Santo, y, con toda humildad, reconoce su Llama de Amor Viva, su Luz Pura y se deja iluminar e ilumina.


Dios habla. Tiene ganas de decirse. Busca corazones abiertos donde depositar su semilla. Haz silencio para escuchar. Rumia la Palabra para que te cale por dentro. Mira a Jesús que te comunica la vida. Guarda lo que te dice Jesús en el corazón, como María.
María es la tierra buena, que acoge la Palabra, la guarda en su corazón y la hace fructificar por la acción del Espíritu Santo, dándonos el ciento por uno, su hijo Jesucristo, para la vida del mundo.


Me descalzo para escuchar.
Te escucho para llenarme de ti.
Te miro con amor.
Te llevo siempre conmigo.
Gracias, Jesús, por todo.
Señor, no dejes que sucumba al desaliento 
de la esterilidad.
Tu palabra es fecunda, siempre.
Sé que me amas como soy.
Te necesito para darte el fruto que esperas.
 

 


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