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Dios sigue su obra.




«Mirad que nadie os engañe. 
Porque muchos vendrán 
en mi nombre» 
(Lc 21, 5-11)

En medio de los sufrimientos y las tribulaciones de este mundo, Jesucristo, Templo verdadero y definitivo, permanece con nosotros y nos va transformando, por la acción del Espíritu, en piedras vivas de su Iglesia.

De perseverar con confianza en el empeño cotidiano por vivir el Evangelio.


“Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”
Cultiva un estilo de vida paciente y tenaz, afronta los retos con paz y lucidez.
A pesar de las injusticias, de los golpes que da la vida y de tanto sufrimiento, Dios sigue su obra.
En Él ponemos los creyentes nuestra esperanza

La única piedra que permanecerá al final de los tiempos, es la del amor.
 Lo que hayamos amado queda grabado en la eternidad.
Es una invitación a amar y dejarnos amar en este momento.
De decir te quiero.
De abrazar y besar.
De derramar ternura

Tengo pues la certeza de que Dios existe, que creó todo lo que vive y lo que no, que nos creó a todos los seres humanos, que tuvo un motivo
para crearnos, y que más allá de la visión, imagen que tengamos de Él o el Nombre que le queramos poner, o el carácter o justicia que
deseamos que Él posea e imparta, Él tiene una visión de nosotros, Él sabe lo que hacemos.

No somos almas solitarias supeditadas a nuestra propia voluntad para construirnos un futuro incierto, un destino. Además creo que en la
libertad que Él nos dio. Tengo la certeza de que Él quiso acercarse a nosotros mediante Jesús, para que pudiésemos entender esto del amor
entre las personas. Tengo la certeza de que Dios se preocupa por el destino de este mundo, que su Espíritu vuela vigilante. 
Pero creo que para Él toda nuestra vida es un suspiro, un destello. Tengo la certeza de que nadie puede encerrar a Dios en su limitado conocimiento. Tengo la certeza de que Dios nos quiere plenos, y que nos dio recursos para lograrlo aún a pesar de la maldad humana, (Él nos creó, Él nos conoce), sino sería un cínico, un torturador que nos puso aquí para sufrir. Yo quiero una vida plena, quiero el amor sincero, el abrazo del
hermano, y el de los familiares, y el de los amigos. Quiero compartir el amor que Dios me ha permitido tener. Pero no quiero reprimir mis
buenos deseos, mis dudas, mis ganas… 
Con estas certezas vivo…
María Verónica Benavente


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