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De la mano

 


«Ven y verás».
(Jn1, 45-51).

No hay otra, a la fe se llega por la experiencia y el contagio, no hay otro camino. Nuestra forma de acercarnos a Jesús es siempre guiada de la mano de alguien que le conoce. Ojalá podamos llevar a las personas al encuentro con aquel que nos conoce, como a Bartolomé. Jesús ya le conocía antes de llamarle, como a nosotros. Sabe de nuestros anhelos, de nuestras necesidades. Sabe de nuestros sufrimientos y de nuestros miedos. Que nadie dude que si nos acercamos a Él nuestra vida se va a transformar en un manantial de vida para los demás.

Ven y verás. Ir cuando uno se siente invitado. Cuando intuye que algo nuevo está pasando. Cuando la palabra es más que un vocablo y la vida se ve cuestionada. Ir llevado por una mano amiga. En la confianza y la incertidumbre. En la verdad que renueva, ama y salva.


La fe no nace por ideas, o por razonamientos... sino por experiencias vividas. Esa es, justamente, la propuesta del Señor a todo discípulo que busca la verdad y el sentido de su vida: Ven y verás. El problema está, hoy, en que pocos quieren comenzar la aventura de ser discípulos.

Tanto Bartolomé como todos los apóstoles hicieron de su vida una profesión de fe, la de dar la vida por el Señor, después de reconocer que Jesús es Hijo de Dios. De maestro a Hijo de Dios. De alguien a quien seguir y del que aprender a reconocer que es Dios en medio de esta historia, Rey de cada hombre y mujer de este mundo.


Buscar la Verdad, es buscar a Cristo. 

Abre tu alma a la fuerza Vivificante de tu Verdad, aquella que te revela la Palabra y el Espíritu.... 

¡Jesucristo, Camino, Verdad y Vida!

  

 

 

Cuando el amor te llame, síguelo;
aunque sus caminos sean arduos y penosos.
Y cuando sus alas te envuelvan, entrégate a él;
aunque la espada escondida bajo su plumaje pueda herirte.

Cuando el amor te hable, cree ciegamente en él;
aunque su voz derribe tus sueños
como el viento destroza los jardines.
Porque si el amor te hace crecer y florecer,
él mismo te podará.

Y nunca te creas capacitado para dirigir el curso del amor,
porque el amor si te considera digno de sí,
dirigirá tu curso por los caminos de la vida.
Esto hará el amor en ti para que conozcas los secretos del corazón.

El amor no da más que de sí mismo
y no toma más que de sí mismo.
El amor no posee nada
y no quiere que nadie lo posea,
porque el amor, se sacia en el amor.

Por eso, cuando ames no debes decir:
«Dios está en mi corazón», es mejor decir:
«Estoy en el corazón de Dios».


Kalhil Gibran

 


 

 

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