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Pan bueno

 

 


“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que come este pan vivirá para siempre".
 (Jn 6,51-58).

Muchas veces, las cosas más grandes se nos presentan con apariencia humilde. Así es Jesús: viene a nosotros como insignificante para transformarnos en su misma vida. ¡Déjate tocar por Su Gracia!

Comer y beber son necesidades básicas. Si no lo hacemos morimos. Jesús se ofrece como alimento que da vida eterna, que llena de sentido y de esperanza lo que vivimos. Nos alimenta porque nos ama y el amor es fuente de energía. Nos pide comer de Él para ser nosotros también energía y vida para muchos. Nuestra entrega amorosa es lo que convierte nuestra vida en alimento para los demás.


Jesús es el pan vivo. El pan que da la vida por el mundo. Nos invita a comerlo para tener vida eterna. Pan que es verdadera comida que nos da vida. Pan y vida. Comida y vida. Pan que comemos en la eucaristía, para ser nosotros panes que dan vida allá donde estemos. Es un alimento para no tener hambres, para quedarnos saciados, para no preocuparnos de la soledad, para quitar el miedo del mañana… Él es el alimento de vida, un Pan que se da, reparte, sacia y llena. No busquemos nada ni a nadie más, sólo a Él.

 

PAN
Pan para saciar
el hambre
de todos.
Amasado despacio,
cocido en el horno
de la verdad hiriente,
del amor auténtico,
del gesto delicado.

Pan partido,
multiplicado al romperse,
llegando a más manos,
a más bocas,
a más pueblos,
a más historias.

Pan bueno,
vida
para quien yace
en las cunetas,
y para quien dormita
ahíto de otros manjares,
si acaso tu aroma
despierta en él la nostalgia
de lo cierto.

Pan cercano,
en la casa que acoge
a quien quiera compartir
un relato,
un proyecto,
una promesa.

Pan vivo,
cuerpo de Dios,
alianza inmortal,
que no falte
en todas las mesas.


@ jmolaizola



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