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Yo soy el verdadero camino que conduce a la vida.





¿Cuál es el espejo en que te miras para ser mejor persona?
Sigue el ejemplo de Jesús: Él te conduce a la salvación


Tres palabras bastan para definir a Jesús. 
Nosotros damos demasiadas explicaciones para definir las cosas. Por eso las embrollamos tanto. 
Con frecuencia, demuestra que las conocemos poco.  
Jesús tiene una idea tan clara y tan nítida sobre sí mismo, que tres palabras son suficientes para decirnos quien es él para nosotros. 
Las tres son bellas.




Yo soy el camino, la verdad y la vida...
y aquí me tienes.
Un camino que recorrer,
una verdad por anunciar,
una vida para darse.

Yo soy el camino.
Y si me andas, te garantizo cansancio,
horas de flaqueza,
encrucijadas difíciles,
pero también compañeros,
reposos, risas y un horizonte infinito.

Yo soy la verdad.
Si me proclamas, te señalarán,
entre la incredulidad y la mofa,
entre la incomprensión y el rechazo,
pero también sentirás que cantas,
resucitas y anuncias un milagro.

Yo soy la vida.
Si me vives, tendrás lucha, miedo y cruz,
pero también bienaventuranza,
perdón y resurrección.

José Mª Rodríguez Olaizola, sj


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Hay que tener confianza en Dios, hermano/a,
pues Él ha confiado en nosotros.
Hay que tener fe en Dios,
pues Él ha creído en nosotros.
Hay que dar crédito a Dios,
que nos ha dado crédito a nosotros.
¡Y qué crédito! ¡Todo el crédito!
Hay que poner nuestra esperanza en Dios
puesto que Él la ha puesto en nosotros.

Singular misterio, el más misterioso:
¡Dios nos ha tomado la delantera!

Así es Él, hermano/a, así es Él.
Se le desborda la ternura por los poros,
nos alza hasta sus ojos, nos besa,
nos hace mimos, cosquillas y guiños,
y sueña utopías para nosotros
más que las madres más buenas y apasionadas.

Dios ha puesto su esperanza en nosotros.
Él comenzó, ya en los orígenes, y no se cansa.
Él espera que el más pecador de nosotros
trabaje, al menos un poco, por sus hermanos.
Él espera en nosotros más que nosotros mismos,
¿y nosotros no vamos a esperar en Él?

Dios nos dio su Palabra,
nos confió a su Hijo amado
que vino a nuestro mundo y casa;
nos confió su hacienda,
su Buena Noticia,
y aún su esperanza misma,
¿y no vamos a poner nosotros
nuestra esperanza en Él?

Hay que tener confianza en la vida
a pesar de lo mal que dicen que está todo.
Hay que tener esperanza en las personas, ¡en todas!
Sólo en algunas hasta los fariseos y necios la tienen...
Hay que confiar más en Dios
y echarnos en sus brazos y descansar en su regazo.

Hay que esperar en Dios.
Mejor: hay que esperar a Dios.
Y si todo esto ya lo hacemos,
una cosa nos falta todavía:
Hay que esperar con Dios
a que su Palabra se haga buena nueva
en nuestras entrañas,
en su casa, que es nuestra casa.

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