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El Mesías en medio de nosotros.



  • “EN MEDIO DE VOSOTROS HAY UNO QUE NO CONOCÉIS” (Jn 1,26).  
¿Tú quién eres? 
 Ante esta pregunta quisiera poder responder como Juan Bautista:
 ¿Yo? 
Quiero ser la voz del Señor; actuar y vivir según su evangelio. Intento hacerme presente en el mundo dando razón de mi fe. 
Aunque a veces me sienta predicando en el desierto, sé que ésta es mi misión.
• Líbrame, Señor, de meterme en grandezas.

La familia, aun con todas sus deficiencias, señala la vida. 
En ningún ámbito se da y se recibe tanta ternura gratuitamente. 
La familia es un espacio habitado por el misterio de Dios. 
La familia es el mejor lugar para mostrar a Jesús.  

“La mujer embarazada puede participar de ese proyecto de Dios soñando a su hijo: 
Toda mamá y todo papá soñaron a su hijo durante nueve meses. 
No es posible una familia sin soñar. 
Cuando en una familia se pierde la capacidad de soñar los chicos no crecen, el amor no crece, la vida se debilita y se apaga” (AL 169).  


Señor, Tú eres Enmanuel, Dios-con-nosotros,
Plantaste tu tienda en esta tierra hace mas de 2000 años
y no la has levantado ni la levantarás jamás.
Vives en nuestras casas, calles y veredas.
Eres el Dios humano, cercano, solidario, íntimo,
que haces posible lo imposible con la fuerza de tu amor.

Señor, danos la mirada de fe de Juan Bautista,
para descubrirte y reconocerte en la vida,
en mis gozos y esperanzas, en mis tristezas y angustias,
en los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias
de los que sufren y de todas las personas.
Qué sepamos verte y oírte, sentirte y tocarte.

Señor, danos la valentía de Juan Bautista,
para gritar con palabras y obras de amor:
“en medio de vosotros hay uno que no conocéis”;
para que sepamos mostrar tu presencia,
a quienes te buscan a ciegas y no te encuentran,
a los que te necesitan, aunque no lo reconozcan.

Señor, gracias por compartir nuestra vida,
gracias porque quieres encontrarte con nosotros,
gracias por la alegría de anunciar a otros tu presencia.




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