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Dios nos sana


“Levántate y ponte ahí en medio” 
(Mc 3,3)  

Comenzamos hoy la Semana de oración por la unidad de todos los cristianos. 
El lema propuesto para orar, este año, es: 
“Reconciliación. El amor de Cristo nos apremia”.


  Es necesario tomar conciencia de que lo que nos une es mucho más fuerte de lo que nos separa: éste es el gran hallazgo que está en el origen del movimiento ecuménico. 
Todos juntos podemos contribuir eficazmente al respeto de la vida, a la defensa de la dignidad de la persona humana y de sus derechos, de la justicia social y de la conservación del ambiente.
 

Cuesta más curar la dureza de corazón que un mal físico grave

Resulta realmente tranquilizador descubrir que Jesús «pierde los papeles» ante la intransigencia. 
Jesús no juega a ser humano. 
Lo es hasta en los pequeños detalles. 
Hoy cura al paralítico dejándose llevar de su indignación. 
Imaginar a Jesús impasible al estilo de las películas nos hace sentir poco ejemplares y hace flaco favor a Jesús y a los cristianos.

Dios se acerca con ternura, nos sana y bendice

 • Señor, si quieres, puedes curarme.

Y Jesús puso en medio al que estaba marginado, puso delante al que estaba detrás, ensalzó al que estaba segregado. 
Si sigues con Jesús descubrirás que decir estas cosas conlleva un precio. 
Merece la pena que todo ser humano camine con dignidad.  
  
TÚ DECIDES: LIBRE TE QUIERO

Camina con la dignidad de los hijos  de Dios y agáchate con la misma dignidad para dar la mano y levantar a todos los caídos.  

Despertad, abrid los ojos,
se acerca vuestra liberación.
Despertad, abrid bien los ojos.
Despertad de los sueños y
abrid los ojos hacia el futuro.
Despertad y dejaos mirar por unos ojos
que ven en ti mucho más dentro de lo que ven los demás
y de lo que nosotros vemos de nosotros mismos.

Despierta y déjate mirar por alguien
que no se fija en nuestros defectos
ni en nuestras incapacidades.
Abre los ojos y déjate mirar por este niño
que ve todas las posibilidades escondidas en nosotros.
ÉL las ha puesto en cada uno, en cada una.
Despertad y abrid unos ojos capaces de transmitir
que el cambio es posible,
e incapaces de condenar,
de reprochar y de acusar.

Desertad, abrid los ojos
tentados de poseer, de juzgar y saber.
Quitad las escamas y las legañas de las desconfianzas
los recelos y las sospechas,
los temores y las suspicacias
Despertad abrid los ojos.
Se acerca vuestra salvación, aquí ya en esta tierra
poblada de aullidos, de guerras, de integrismos y suicidios.

Despertad abrid los ojos
como lugar de admiración
de ternura, de compasión,
de disculpa, de comprensión,
de compasión y no como lugares de negatividad, dureza, posesión,
superficialidad, indiferencia y prejuicios.

Se acerca vuestra salvación,
está aquí ya , entre nosotros.
La salvación es posible, es real.
aquí en esta tierra,
en tu corazón. 
Amén.

 

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