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¡Preparémonos!

 


"Entonces verán venir al Hijo del Hombre 
sobre las nubes con gran poder y gloria." 
(Mc 14,24-32).

El Evangelio de hoy nos habla del final de la historia, un final que fundamentalmente será positivo: Jesús, el Hijo del Hombre, aparecerá glorioso y los elegidos (los que hayan vivido en el amor) serán finalmente congregados. No caminamos, por consiguiente, hacia la destrucción completa, caminamos hacia la felicidad total de todos. En el fondo, este evangelio es un grito de esperanza.

Vemos ya como se acerca el Señor a las vivencias más oscuras y turbias de nuestra vida. El momento más frío y oscuro de la noche es el que precede inmediatamente al amanecer y a la aparición luminosa del sol. Nuestra experiencia de Dios se percibe con más nitidez cuando lo humano agota sus estrategias y exhaustos pedimos que sea Dios quien nos salve.


Todo puede cambiar y debemos estar preparados. Vivamos los cambios como una oportunidad, pero siempre con Jesús como centro de nuestra vida.

Para vivir la esperanza es necesario permanecer bien anclados a algo o a alguien suficientemente consistente y firme. "El cielo y la tierra, pasarán, -decía Jesús- pero mis palabras, no pasaran". En Él y sólo en Él podemos anclar nuestra esperanza

 


Tomar en serio la vida cristiana, es el mejor proyecto de tu vida, es el existir eternamente feliz o eternamente frustrado. No sabemos ni el día, ni la hora, pero Jesús vendrá de modo contundente a nuestro encuentro. ¡Preparémonos!

Cuando parece que "todo en el cielo y la tierra pasa" y se desmorona cuando debemos luchar para entregarnos a la promesa de Dios: que su palabra no pasará. Y su palabra es la que nos ha llamado hijos cuando su Hijo nos llamó hermanos. Entonces mirando a Cristo crucificado quizá se nos regale el don de ver en Él nuestro consuelo y esperar junto a Él la resurrección prometida de la vida. Terrible paradoja, pero es que, si el cristianismo es una buena noticia, viene envuelto en papel de cruz.


Jesús llama a tu puerta. Toca en tu corazón. No te fuerza. No hay pomo en su lado. Tú decides desde tu libertad. Déjale entrar. Deja que habite en tu vida. La puerta se abre desde dentro y hacia el interior. Abriendo horizontes ¿Contratiempos? ¿Dolor? ¿Preocupaciones? ¿Dificultades? ¿Enfermedad? ¿Sufrimiento? ¿Desesperanza? ¿Parar golpes? Las situaciones límite nos ayudan a abrir horizontes, nuevos enfoques y nuevos caminos. Dios, a través de su Palabra nos ensancha el horizonte. Ábrele tu corazón, déjale pasar. Verás como te transforma con su luz, calor y vida.  


"El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán".
Su Palabra es la seguridad, es ahí donde agarrarnos, desde dónde levantarnos, dónde coger fuerzas para que todo sea nuevo, para quitar los miedos, para construir el proyecto de vida. La Palabra es Él, verdadera Buena Noticia para toda la humanidad. Es una Palabra que no muere, resucita. Es nuestra seguridad.

Yo amo a Jesús que nos dijo

Yo amo a Jesús que nos dijo:
cielo y tierra pasarán.
Cuando cielo y tierra pasen
mi palabra quedará.
¿Cuál fue Jesús tu palabra?
¿Amor? ¿perdón? ¿caridad?
Todas tus palabras fueron
una palabra: Velad.
Como no sabéis la hora
En que os han de despertar,
os despertarán dormidos
si no veláis; despertad.

(Antonio Machado)


 

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