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LLaves





“Tú eres Pedro, 
y te daré las llaves 
del reino de los cielos” 
(Mt 16, 13-19)

Hoy, fiesta de la Cátedra de San Pedro.
Celebramos que a uno que abandonó a su maestro, éste le encargó el pastoreo de su rebaño.
¿Fallaste al Señor y te alejaste de Él?
No tengas miedo a volver.
Te espera, te ha esperado siempre

En un mundo desorientado y sin fundamentos, la fe en la Iglesia, formada por pecadores, pero redimida por la sangre de Cristo, el Esposo, me libera de la tentación de reducir el cristianismo a una religión desencarnada, individualista y caprichosa.

Confío en que Cristo sigue cuidando de su Iglesia, en que a pesar de todos los pecados y los errores cometidos, el poder del infierno no la derrotará.
Él sabe cómo y cuándo llevar su barca a buen puerto.
Nada temas.
Él repara nuestras fuerzas y nos trae la paz.


Somos piedras vivas, invitados a construir la Iglesia con alegría, desde el Evangelio.

Que cuando recemos nos encontremos con Dios, que cuando trabajemos nos realicemos como personas y cristianos, que cuando amemos lo hagamos intensamente y con generosidad

Miramos a Pedro, al Papa, y le pedimos fortaleza y sabiduría para mostrar a los hombres que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios vivo y nos confirme en la fe…, lo demás sobra.
María, cuida a Pedro.

Damos gracias a Dios por el Papa, por su magisterio; rezamos por el Papa y por todos los pastores de la Iglesia, para que sean transparencia de Jesús, el Buen Pastor:




El Señor es mi pastor,
nada me falta.
En verdes prados me apacienta,
me conduce hacia fuentes de descanso
y repara mis fuerzas.

Conoce mi corazón y mis entrañas,
mis proyectos e ilusiones,
me guía por caminos de justicia,
me enseña los tesoros de la vida
y silba canciones de alegría,
por el amor de su nombre.

Aunque pase por cañadas oscuras
no tengo miedo a nada,
pues él está junto a mí
protegiéndome de ideologías
y huecas promesas,
de trampas y enemigos,
Su vara y su cayado me dan seguridad.

Aunque mis trabajos sean duros y urgentes
no me agobio ni pierdo la paz,
pues su compañía procura serenidad a mi obrar,
plenifica mis anhelos y mi ser,
y hace inútil todo febril activismo.

Cada día, con gracia renovada,
pronuncia mi nombre con ternura
y me llama junto a él.
Cada mañana me unge con perfume;
y me permite brindar, cada anochecer,
con la copa rebosante de paz.

El Señor es mi pastor.
Él busca a las que están perdidas,
sana a las enfermas,
enseña a las erradas,
cura a las heridas,
carga con las cansadas,
alimenta a las hambrientas,
mima a las preñadas
y da vida a todas.

¡El Señor es el único líder que no avasalla!
Él hace honor a su nombre
dando a nuestras vidas dignidad y talla.
Nada temo a los profetas de calamidades,
ni a la tiranía de los poderosos,
ni al susurro de los mediocres,
¡porque tú vas conmigo!

Has preparado un banquete de amor fraterno
para celebrar mi caminar por el mundo.
En él me revelas quiénes son tus preferidos
y cuáles han de ser mis sendas del futuro.
¡Gracias al Señor que me crea, sostiene y guía
con su presencia cargada de vida!

Florentino Ulibarri



Florentino Ulibarri



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