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Nos abraza a todos

 


“Tanto amó Dios el mundo que entregó su Hijo único 
para que no perezca ninguno de los que creen en él…” 
(Jn 3,13-17)

La fe nos introduce en una nueva relación y en una verdad que nos libera. Vivir ya no es la cansada tarea de lograr éxitos sin parar, de deslumbrar, de lograr ser admirados. La fe nos regala vivir habitados, acompañados, providentemente cuidados. Es recibir diariamente la dosis del amor más grande.

El amor de Dios se derrama en la Cruz. Quien cree tiene vida eterna. Dios ha enviado a su Hijo por amor para salvar. Creer en él es encontrar salvación. No hay lugar a juicios y condenas. La fe en Jesús es fuente de vida, gracia y amor.

Hoy es la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.


En el madero de la cruz están escritos cada uno de nuestros nombres. Él no olvidó a nadie. Su amor nos abraza a todos.

La cruz no se impone. No nos cae del cielo. La cruz se acepta y se coge cada día. Y no es sino amor, entrega, servicio, sacrificio. Solo con amor las adversidades de la vida, los trabajos, las fatigas, se transforman en cruz que nos salva. La cruz de Cristo. Su amor. Su entrega.

La cruz nos habla y propone un camino de coherencia en la respuesta a la voluntad de Dios, respeto y cuidado del hermano, denuncia del mal y la injusticia en el mundo y saber transformarlos en encuentro por la misericordia y el perdón.

Cada vez que hacemos la señal de la cruz revivimos el acto de amor más grande que realizó Jesús para redimirnos


La Cruz es grande y gloriosa. Grande, porque es origen de innumerables bienes... Preciosa porque significa a la vez sufrimiento y trofeo de Dios: en ella sufrió una muerte voluntaria y en ella fue vencida la muerte” (Andrés Creta).

“Déjame, Señor, vivir al pie de tu Cruz… de día, de noche, en el trabajo, en el descanso, en la oración, en el estudio, en el comer, en el dormir, … siempre… siempre…” (San Rafael Arnáiz).

"Llevo muy poco tiempo desde que conocí la dulzura de los caminos de Cristo, pero es en la Cruz donde siempre he hallado consuelo. Es en la Cruz donde he aprendido lo poco que sé... Es en la Cruz donde he hecho siempre mi oración y mis meditaciones... En realidad no sé otro sitio mejor, ni acierto a encontrarlo..., pues quieto. Por eso, Señor, al ver la divina escuela de tu Cruz que es el Calvario, acompañado de María, donde únicamente puedo aprender a ser mejor, a quererte, a olvidarme de mi mismo, no permitas que me aparte de Ti” (San Rafael Arnáiz). 

En la cruz está la vida

En la cruz está la vida

y el consuelo,

y ella sola es el camino

para el cielo.

En la cruz está “el Señor

de cielo y tierra”,

y el gozar de mucha paz,

aunque haya guerra.

Todos los males destierra

en este suelo,

y ella sola es el camino

para el cielo.

De la cruz dice la Esposa

a su Querido

que es una “palma preciosa”

donde ha subido,

y su fruto le ha sabido

a Dios del cielo,

y ella sola es el camino

para el cielo.

Es una “oliva preciosa”

la santa cruz

que con su aceite nos unta

y nos da luz.

Alma mía, toma la cruz

con gran consuelo,

que ella sola es el camino

para el cielo.

Es la cruz el “árbol verde

y deseado”

de la Esposa, que a su sombra

se ha sentado

para gozar de su Amado,

el Rey del cielo,

y ella sola es el camino

para el cielo.

El alma que a Dios está

toda rendida,

y muy de veras del mundo

desasida,

la cruz le es “árbol de vida”

y de consuelo,

y un camino deleitoso

para el cielo.

Después que se puso en cruz

el Salvador,

en la cruz está “la gloria

y el honor”,

y en el padecer dolor

vida y consuelo,

y el camino más seguro

para el cielo.


 Santa Teresa de Ávila

 



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