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Acompañar a Jesús

 


“Jesús iba caminando de ciudad en ciudad 
y de pueblo en pueblo”.  
(Lc 8,1-3)

Jesús camina por ciudades y pueblos. Proclama y anuncia.

Jesús camina de pueblo en pueblo. Es un peregrino que visita con alegría todos los lugares. Jesús va siempre al encuentro. No espera. Se adelanta y se ofrece. Tiene prisa por sembrar el gozo en los surcos del mundo.

Lo acompañan los Doce y también algunas mujeres. Mujeres con nombre, disponibilidad y bienes. María Magdalena, Juana y Susana. Y otras muchas. Jesús cuenta con las ellas en una sociedad que las silenciaba.

Son verdaderas y auténticas discípulas. No son menos que ellos, están en el grupo, alguna ha sido curada por Él, colaboran con sus bienes, escuchan sus palabras, formaban parte de las personas cercanas a Él, lo acompañaban junto a los Doce.

¡Qué hermosa expresión: "los que ACOMPAÑAN A JESÚS"! En el Nuevo Testamento esta expresión se utiliza sólo para designar a los que dieron su existencia a Jesús.
Acompañar a Jesús es vivir, pasar el tiempo con El; es familiarizarse con El hasta el punto de presentir su manera de concebir las cosas, sus reacciones, conocer sus gustos y sus temas favoritos.
Acompañar a Jesús es hacer suyo su proyecto, asumir como programa de vida el Evangelio.


Seguir a Cristo es con mucho lo mejor.

El discípulo es un seguidor que ha escogido el Evangelio como proyecto de vida. Lee la realidad a través de la Buena Nueva del Evangelio

Ser discípulo es la verdadera y más importante dignidad. A la única a la que debemos aspirar. Discípulos del que iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios

Jesús vivió acompañado toda su vida. Pasó de la familia de Nazaret a la familia de los discípulos: la comunidad. Y es que no es bueno que estemos solos. Convivir con otros nos regala reconocer la presencia del Dios que es Trinidad, familia, comunidad. Cuando nos reunimos en su nombre Dios se hace presente y le expresamos con nuestras vidas.

Pidamos a Dios Padre su Espíritu para que seamos los compañeros fieles de Jesús, como lo fueron estas mujeres y continuemos su proyecto de vida con el ejemplo de la nuestra.

Vive tu fe con alegría. La tristeza quita las fuerzas, esconde el rostro de Dios a los ojos de las gentes. Haz lo que puedas por disminuir la tristeza de los demás.

Dame, Señor, tu Espíritu de fortaleza. Haz que mi vida se misionera de alegría. Que a todos les anuncie lo inmensidad de tu amor. 


 

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