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perdón y misericordia





“Amad a vuestros enemigos”  
(Mt 5,44)
 
 Nuestro Señor Jesucristo fue generoso: siendo rico, se hizo pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza. 

Las paradojas del Reino.
Dios no discrimina a nadie.
De su fuente siempre sale el amor.
Su presencia amorosa en medio del mundo recrea cada día la confianza en tantos corazones.
Quizás nunca lo has intentado.
¿Por qué no lo haces hoy?
Pon ante ti a tus enemigos y ámalos.
¿Qué dirías si, entonces, tus oscuridades se volvieran luz de mediodía?
Se dice que dos llaves abren el corazón de Dios: el amor y el perdón.
Estas mismas llaves abrirán el corazón de los humanos.
Perdonar al enemigo es difícil.
No se trata de palabras o buenas intenciones.
Amo a quien me ha hecho daño cuando oro por él.
No oro para que se disculpe o cambie.
Oro sin poner condiciones y lo pongo en manos de Dios.
Así podemos ser perfectos como el Padre celestial es perfecto.
Ir siempre más allá.
Ser perfectos en el amor.
No poner límites al perdón y la misericordia.
¿Por qué?
Porque Dios es así y somos sus hijos.

- Padre, que sepa perdonar como tú perdonas.
 
A veces no sé por qué tengo que amar a mi enemigo. 
Tampoco sé por qué tengo que saludar a quien no me saluda.
No sé muchas cosas.
Pero Tú, que me amas, me dices que ame.
Por hoy, solo por hoy, eso me basta. 

Damos gracias a Dios por su amor gratuito y fiel,
porque nos ama cuando incluso cuando nos alejamos de Él, cuando hacemos daño a sus hijos, nuestros hermanos,
porque perdona a los que lo están matando calienta con el sol de su amor a malos y buenos y manda la lluvia de su misericordia sobre justos e injustos
Damos gracias por el don de su Espíritu, Espíritu de amor,
y por todas las personas pacíficas y pacificadoras.

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