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38 años

 


«Levántate, toma tu camilla y echa a andar».
(Jn 5,1-16).

Jesús llega a la piscina de Betesda. Hay un hombre que lleva treinta y ocho años enfermo. Nadie le ha ayudado en ese tiempo a entrar en la piscina cuando se mueve el agua. No se le ha dado la oportunidad. Se ha permitido que se quedé paralizado, enfermo y marginado.

Es Jesús quien nos puede levantar de nuestras parálisis, de estar parados, quietos, 'atrapados'... Su Palabra tiene el poder de hacernos salir de aquello que no nos deja ser quien somos. Jesús es el único capaz de sanar nuestro hacer, nuestro vivir, nuestro ser. Su Palabra nos llena de la dignidad que tenemos, la remarca con un "levántate..." que nos mueve


En nuestras postraciones, podemos escuchar al Señor, lleno de compasión y misericordia: "Levántate, toma tu camilla y echa a andar". No nos quiere postrados, paralíticos, inmóviles. Nuestra condición de peregrinos nos exige estar en permanente cambio, avanzando en el camino.

 
 
 
Ayúdanos, Señor, a hacernos cargo de las fragilidades
y las pobrezas de nuestro tiempo, curando las heridas
y sanando los corazones quebrantados con el bálsamo de Dios.
Señor, ayúdame a confiar en tu misericordia
y a ser instrumento de tu amor para los que más lo necesitan.

Falta poco tiempo para llegar a la Pascua. Es tiempo de levantarse, de levantar la vida. De no quedarnos ni paralizados, ni postrados. Para levantarse hay que dejar las camillas y los apegos con los que rodeamos nuestro existir. Y ponerse a andar. La dirección está clara: hacía el amor. Dedicarnos a cuidar, a servir, a ayudar. Eso es lo que aprendemos del que es el Camino, la Verdad y la Vida. Y no nos puede impedir ese dinamismo de entrega ninguna norma o mandato.

 


Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en el peligro”. (Sal 45)
En estos tiempos sombríos, con el mundo manga por hombro, con el clima revuelto, con tanta mentira y tanta falsedad disfrazada de verdad, con la polarización existente, es bueno repetir este salmo, poniendo la confianza en el Señor: por eso no tememos aunque tiemble la tierra, y los montes se desplomen en el mar.

 
Consuela, buen Jesús, y fortalece a todos los que sufren.
Llena sus corazones de tu amable presencia.
Suscita corazones generosos y compasivos,
que sean bálsamo de tu caridad.
Y a mi enséñame a enjugar lágrimas
unge mi corazón con tu misericordia
¡Jesús, mira que hay tantos que no tienen ayuda!
Ayúdame a sostener en el dolor
a todos los que están postrados en sus camillas.
Amén.
 

 

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