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Ver y oír

 

 

“¡Dichosos, pues, vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os digo de verdad que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron”
.
 
(Mt 13,10-17)

Damos gracias a Dios porque se nos ha concedido el don de escuchar y comprender poco a poco la Palabra de Dios. No tenemos más méritos que otros. La fe es un don. Este don no supone para nosotros un privilegio, sino una responsabilidad. El don que hemos recibido no ha de servir sólo para nuestro enriquecimiento personal. Hemos sido agraciados para que la Gracia llegue a otros; hemos sido amados, para que el Amor llegue a otros; hemos sido ungidos, fortalecidos, para que el Espíritu fortalezca a otros.

Ver y oír para reconocer el paso de Dios por nuestra vida.

Celebrar hoy a Joaquín y Ana es recordar todo lo que nuestros mayores han sembrado en sus hijos y nietos. A nosotros nos toca recibirlo y propiciar las condiciones de "tierra buena" para que su legado pueda ser fecundo.

Esta memoria litúrgica de San Joaquín y Santa Ana nos invita a rezar por los abuelos, que en la familia son los depositarios y a menudo los testigos de los valores fundamentales de la vida. La tarea educativa de los abuelos siempre es muy importante. (Benedicto).

Felicitamos a todos los abuelos y abuelas por su labor insustituible dentro de la familia de transmisores de la fe y garantes de los valores cristianos.

 Oración por la 3ª Jornada Mundial
de los Abuelos y de los Mayores 2023


Virgen María,
Madre de fe y de esperanza,
modelo para esta humanidad replegada por la indiferencia,
hazme disponible como Tú
para aceptar la voluntad de Dios,
para proclamar y alabar su Misericordia.

María, Madre de fortaleza,
Tú que conoces mi corazón
no permitas que me desaliente.
Entrego confiadamente mi vida en tus manos.
Cura mis heridas,
tu ternura me acompañe en mi camino.

Tu presencia, Madre de amor
nos lleve a experimentar la alegría
de ver a nuestras familias unidas.
Ayúdame a transmitir la ternura y el Amor de Dios
a mis nietos y a los jóvenes
para que, además de rezar con ellos,
podamos rezar juntos.

Intercede por mí, María, el don del Espíritu Santo,
que me sostenga en mi debilidad;
infunda en mi corazón el consuelo
para poder dejar huellas de fe entre los jóvenes,
el testimonio de la belleza de la vida,
la certeza de que ésta tiene un límite
y que más allá nos espera el abrazo del Padre.
Amén

 

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