Ir al contenido principal

Una señal

 


"Maestro, queremos ver un milagro tuyo."
 
 (Mt 12,38-42).

Nos cuesta ver el día a día como un milagro, como un signo de Dios... un abrazo, un gracias, una llamada, una lágrima, un ¿te ayudo? Abre bien los ojos.

Pedir signos es una necesidad ante la ceguera. La mirada borrosa impide ver los milagros de Dios cada día. Hay incapacidad para pronunciar palabra de agradecimiento. Todo se vuelve insípido, incoloro e indoloro. Sin un cambio de actitud y una fe recia todo se atrofia.

A la fe se llega por la observación de la realidad. Por el encuentro acogedor de una vida que se deja afectar por el amor que otro le brinda. Lo milagroso, lo sobrenatural, lo extraordinario. Curaciones, multiplicaciones de panes y peces, resurrecciones, son acciones que Jesús realizó ocasionalmente. Lo que cada día de su vida sí que hizo fue acercarse, sentir compasión, curar heridas, y comprometerse con el que sufre hasta el final.

"– Maestro, queremos ver un milagro tuyo – Esta generación… exige una señal" Aquello que no vemos no le damos importancia y cuando nos lo enseñan, al final no lo creemos porque va contra nuestra comodidad y nuestro egoísmo. No hay mayor signo que la confianza y la esperanza en la verdad.

Esta generación... Exige una señal: pues no se le dará más signo que el de Jonás. Como preludio del Salvador, tres días estuvo en el vientre del cetáceo como símbolo de una muerte vencida por la resurrección. Pero, ¿aceptará esta generación la señal del triunfo de la vida?

Jesús pensaría: No queréis hacer mi voluntad, pero me exigís que haga la vuestra Recuerda: Dios no tiene que hacer mi voluntad, sino que yo soy quien ha de hacer la suya.


No hay más signo que Jesús. Mirarle, escucharle, conocerle y seguirle. El signo definitivo de Dios con nosotros es Él. La historia se convierte para siempre en una Historia de Salvación. No hay otros signos, no hay que mirar a otros, solo a Él, que ha dado la vida por cada hombre y mujer de este mundo.  Un signo definitivo que cambia el corazón y la vida de los que le miramos, escuchamos, conocemos, amamos y seguimos.

Señor, Jesús, Palabra verdadera del Padre, me hablas en el silencio del corazón y en todo lo que me rodea.

Todos son señales de tu amor, cuando miro la vida con ojos limpios. Ninguna señal me basta, cuando tengo el corazón cerrado.

Señor, quiero reconocerte en el día a día, en lo cotidiano, en la sencillez, en la calidez de un abrazo, en la ternura de una mirada, en un trozo de pan y un poco de vino...


 


Comentarios

Entradas populares de este blog

"Señor, enséñame a orar"

“Cuando oréis decid: “Padre”  (Lc 11,2).    Los discípulos fascinados por las palabras y gestos de Jesús se preguntan: ¿De dónde le nace tanta vida al Maestro? Por eso le piden que les muestre el manantial que lleva en el interior, que les enseñe a orar, que les revele “eso” que le lleva a entregar la vida, gratuitamente, por los caminos.   Acoge en silencio profundo la palabra más bella, más entrañable y más nueva que Jesús lleva en su corazón: ¡Abba!   ¿Cuántas veces has dejado de orar? Por dejadez, desánimo...hay mil causas. El Padre es bueno, te espera paciente y sabe que en el fondo de tu corazón anhelas estar cerca de Él. Dile confiado: "Señor, enséñame a orar" En este mundo a veces tan chato y funesto donde pareces no estar, Señor, enséñanos a orar.  Sí, enséñanos a orar, a tener claro y a recordar que somos tuyos y no nuestros. Orar es conectar con la raíz del ser; es entrar en la onda del Padre, sin...

SAN JOSÉ

Salve, José, amante y tierno padre. Salve, guardián de nuestro Redentor. Esposo fiel de tu bendita Madre y salvador del mismo Salvador. Al buen Jesús pudiste ver sin velo y sobre ti sus miembros reclinó. Al Hacedor de tierra, mar y cielo con cuánto amor le besas y te besó. ¡Oh, qué feliz el nombre de Hijo que dabas! Ninguno fue por Dios tan encumbrado como tú, José. ¡Oh, fiel guardián de nuestro Redentor! Dichoso aquél, José, que tú proteges y el que con fe te invoca en la aflicción, jamás, jamás lo dejas sin amparo y protección. ¡Oh, San José, amante y tierno padre, santo sin par y espejo de virtud! Haznos amar a la divina Virgen y a nuestro Dios y Salvador. “Protege, oh bienaventurado José, protégenos en nuestras tribulaciones. Defiéndenos de las asechanzas del demonio, protégenos con tu patrocinio, y ayúdanos y sostennos con tu auxilio para que podamos santamente vivir, piadosamente morir y alcanzar en los cielos la eterna bienaventuranza”. (León XIII)

Gracias, Señor.

El titulo de esta entrada me la ha do el Papa Francisco esta mañana en su tuit  @ Pontifex_es Termina un año y estamos a punto de comenzar uno nuevo. Se cierra un libro y empieza un nuevo libro con las paginas en blanco. Hoy es un buen momento para hacer balance del año, pedir perdón, dar gracias y pedir ayuda.  En el año que termina ha habido de todo, pero la certeza del amor de Dios ha estado conmigo todos los días. Su ternura la he sentido muchas veces, y muchas veces su mano me ha levantado. Gracias, Señor porque no termino el año sólo y el nuevo lo puedo empezar contigo. Por eso yo no le pido nada al 2015, yo se lo pido a Dios. En tus manos Señor pongo mi vida en este nuevo año 2015