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Ganarlo, gastarlo, compartirlo y despreciarlo.





Parece que esta parábola anima a engañar y a robar sin escrúpulos.
Sin embargo, Jesús no alaba el engaño de los hijos de este mundo, alaba su astucia.
El administrador injusto es astuto y malo.
Jesús nos invita a ser astutos y buenos,
inteligentes y generosos, creativos y honrados. 
Jesús quiere que pongamos todas nuestras capacidades al servicio de los hermanos.


 Sin embargo, tenemos que reconocer que a veces nos parecemos bastante al administrador injusto. 
Utilizamos la astucia, la inteligencia, la creatividad solamente en favor nuestro y a veces en contra de los demás.

 “No podéis servir a Dios y al dinero”.
 Jesús lo dice claro, pero nosotros nos empeñamos en demostrarle que sus palabras son una exageración.
Queremos a Dios y al dinero.


El dinero, hay que saber GANARLO, para eso nos dio el Señor la capacidad, el ingenio y dos fuertes brazos, GASTARLO, dejarlo que corra, no detenerlo, no atajarlo, no atesorarlo, COMPARTIRLO, eso es lo que puede ser nuestra gran riqueza, nuestro gran tesoro, lo que ponemos en manos de los demás, y finalmente, DESPRECIARLO, no convertirlo en nuestro dios, no dejarlo que nos esclavice.
 
¡Te alabamos y te bendecimos,
Dios Padre Bueno y Misericordioso,
porque Tú eres Todo Gratuidad con nosotros!
Enséñanos Tú, Dios Padre nuestro, a valorar y a aprovechar
los bienes de la tierra que Tú nos concedes cada día,
para utilizarlos con honradez y generosidad en beneficio de todos.
Ayúdanos, Padre, a ser personas solidarias con nuestros hermanos
y haz Tú que nos impliquemos en nuestro mundo
para sensibilizar a todos en la justa redistribución de la riqueza
para que a nadie le falte lo necesario para poder vivir con dignidad.
Enséñanos a transmitir a todos nuestros hermanos
que la verdadera riqueza está en tu Palabra de Vida,
y sintiéndonos parte de Ti y en armonía contigo, Dios nuestro.
No permita nunca que el dinero ni los bienes materiales
nos alejen de la Vida que Tú nos regalas cada día.
Ayúdanos, Padre nuestro Misericordioso, a enriquecernos de Ti
y llénanos nuestro corazón de la riqueza que genera
la Escucha atenta de Tu Palabra, como nuestra Madre María.
Transfórmanos Tú, Dios nuestro, en alegres servidores de tu Reino
y en evangelizadores lleno de esperanza para compartirla con todos,
y para comunicar a todas las personas tu Buena Noticia.
Amén.

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