«El
hombre, a la larga, no se aguanta a sí mismo si no está redimido para la
libertad abierta a Dios. Sólo cuando el hombre sabe que es infinitamente más
que una mera evidencia inmediata, que es el hombre del Dios infinito de
libertad, amor y bienaventuranza sin límite, sólo entonces puede aguantarse a la
larga. Si no, se va asfixiando lentamente en su propia finitud y toda la
retórica sobre la dignidad humana y la misión del hombre sonará cada vez más
falaz» (K. Rahner).
“Cuando oréis decid: “Padre” (Lc 11,2). Los discípulos fascinados por las palabras y gestos de Jesús se preguntan: ¿De dónde le nace tanta vida al Maestro? Por eso le piden que les muestre el manantial que lleva en el interior, que les enseñe a orar, que les revele “eso” que le lleva a entregar la vida, gratuitamente, por los caminos. Acoge en silencio profundo la palabra más bella, más entrañable y más nueva que Jesús lleva en su corazón: ¡Abba! ¿Cuántas veces has dejado de orar? Por dejadez, desánimo...hay mil causas. El Padre es bueno, te espera paciente y sabe que en el fondo de tu corazón anhelas estar cerca de Él. Dile confiado: "Señor, enséñame a orar" En este mundo a veces tan chato y funesto donde pareces no estar, Señor, enséñanos a orar. Sí, enséñanos a orar, a tener claro y a recordar que somos tuyos y no nuestros. Orar es conectar con la raíz del ser; es entrar en la onda del Padre, sin...
Pues es muy verdadera esta reflexión. Yo sin Dios me ahogo en mi impotencia y hasta en mi mala leche a veces.
ResponderEliminarUn abrazo.