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Caminar contigo

 

 

“¡Bendito el que viene 
en nombre del Señor!”.  
(Lc 13, 31-35)

A pesar de las presiones y dificultades, Jesús continúa con la misión recibida por el Padre, el anuncio del Reino de Dios, que rubricará en Jerusalén, con su pasión, muerte y Resurrección.

Jesús no renuncia a su destino. Camina hacia Jerusalén como todos los profetas. Lo central en su vida es la fidelidad a la voluntad de Dios, hasta el final. Una vida coherente y consecuente que asume los riesgos porque el fin es mayor, porque Dios siempre cumple.

Jesús se encamina hacia su muerte libremente, por amor y quiere que libremente también acojamos su salvación. ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! Escoge vivir bajo su amor… y camina en paz día a día.  

Que nosotros a pesar de las dificultades que nos encontramos en nuestra vida, nunca perdamos la perspectiva de ser discípulo del Señor.

Cúbreme con tu sombra, Señor, nada temeré en el camino. Y bendeciré tu nombre, ante mis hermanos.

"Como la gallina reúne a sus polluelos". Cobíjate en el abrigo de mis alas. Nunca estarás solo. Pongo ante tus ojos hermanos que caminarán junto a ti y serán mediaciones de mi Presencia. Camino a tu lado. No te separes de mí lado.

 

"Os digo que no me veréis hasta el día en que digáis: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”. La acogida que por la fe le damos a Jesús es lo que nos permite descubrirle. Le vemos cómo el que suscita en nosotros todos los pasos del amor. Le vemos en su Palabra cuando la meditamos y vivimos. Le vemos en el rostro del hermano cuando nos pide nuestra ayuda y cuando nos brinda la suya. Le vemos en cada celebración que está en medio de nosotros.

Somos caminantes buscando sus huellas en los hermanos que nos vamos encontrando y al mismo tiempo dejando testimonio de nuestra fe que ayuden a otros a seguirle, a buscarle, esto forma parte de nuestra identidad de creyentes

Examínalo todo y quédate con lo bueno. ¿Qué es lo bueno? Lo que te acerca a Jesús, lo que te ayuda a mejorar como persona, a amar y dejarte amar. ¡A discernir se ha dicho! La fidelidad a la voluntad de Dios es nuestro horizonte. El Señor te busca.

Confesamos, Señor,
que nos hemos preocupado,
por las muchas demandas que
esta vida tiene.
Que nos hemos afanado
por buscar la comodidad
que la sociedad ofrece,
que nos enredamos en
competencias desleales,
anulando la vida de otros y otras
sin importarnos su dolor.
Que el activismo nos ha aturdido
de tal manera que

hemos perdido la bendición de tu presencia.

Ayúdanos a ver que
“sólo una cosa es necesaria”
y esa es tu Presencia,
que nos consuela, inspira y
compromete a trabajar por tu reino.
fortalece nuestra decisión
de caminar contigo,
y la seguridad de que nada ni nadie
nos apartará de tu lado.

Elizabeth Hernández Carrillo

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