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El apóstol que más se parece a ti



“Señor mío y Dios mío” 
(Jn 20,28).  

Hoy, Santo Tomás apóstol.
Le llamaban el mellizo.
Quizá porque es el hermano en la fe que más se parece a ti.
¿Dudas?
Es normal
¿Quieres creer?
Puedes, hoy mismo, si el Señor te da ese don


¡Soy el mellizo de Tomás!
Necesito ver y tocar.
Cada uno llevamos nuestro ritmo en el seguimiento de Jesús.

Quiero confesar: ¡Señor mío y Dios mío!

Saber esperar el momento oportuno para aclarar las cosas es un arte que a veces se nos pasa llevados por la necesidad.

Jesús podía haberse aparecido a Tomás inmediatamente, pero le hubiese humillado.
Dejando pasar el tiempo necesario, pudo recapacitar y manifestar su fe en Jesús.
A lo largo de su vida Tomás recordaría este episodio.
Lo recordaría cuando las cosas no salían como él esperaba.

- Señor, eres compasivo y actúas con ternura.

Tan extrema como fue su incredulidad es ahora la respuesta creyente de Tomás.
Hace suyo al Señor que se pone en medio para servir y al Dios que se hace cercano por el amor.
Convierte esta expresión de fe de Tomás en jaculatoria y repítela a menudo.  

Estoy seguro: nada podrá separarme de tu amor.

Bienaventurados los creyentes, pues alcanzan la vida nueva que Jesús resucitado nos transmite por su Espíritu, coronando así la obra que el Padre le encomendó.

“No seas incrédulo, sino creyente.”

Tomás o la increencia del corazón.
Tomás o la necesidad de tocar.
Tomás o la desconfianza del amor.
Tomás o la desesperanza vital.
Tomás o la fe que a veces tengo yo.


Necesitamos señales para creer.
Nos cuesta confiar sin ver.
Pero a diario nos rodean signos, señales que nos muestran que Jesús resucitado está entre nosotros.
Acércate a los pobres, a la Eucaristía, y compruébalo.

A veces la tristeza y el miedo aparecen con fuerza y parece que apagan el amor.
Pero el amor es un fuego eterno y siempre es posible renacer de sus cenizas.
El soplo del Espíritu aviva su llama.

Como Tomás…
también dudo y pido pruebas.
También creo en lo que veo.
Quiero gestos. Tengo miedo.
Solicito garantías.
Pongo mucha cabeza y poco corazón.
Pregunto, aunque el corazón me dice: “Él vive”
No me lanzo al camino sin saber a dónde va.

Quítame el miedo y el cálculo.
Quítame la zozobra y la lógica.
Quítame el gesto y la exigencia.
Dame tu espíritu, y que al descubrirte,
en el rostro y el hermano,
susurre, ya convertido:
“Señor mío y Dios mío”.


José Mª Rodríguez Olaizola, sj

Señor Jesús, aunque no te vemos con estos ojos de carne,
nuestra ardiente profesión de fe es hoy la del apóstol Tomás,
primeramente incrédulo y después creyente ejemplar:
¡Creemos en ti, Señor nuestro y Dios nuestro!
Vamos buscando razones, pruebas y seguridad absoluta para creer
y aceptar a Dios en nuestra vida personal y social.
Pero tú nos dices: ¡Dichosos lo que crean sin haber visto!
Tú eres, Señor, la razón de nuestra fe, esperanza y amor.
Ábrenos, Señor Jesús, a los demás, a sus penas y alegrías,
porque cuando amamos y compartimos,
estamos testimoniando tu resurrección
en un mundo nuevo de amor y fraternidad.
Amén.


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