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Preparados

 


“Tened ceñida vuestra cintura” 
(Lc 12,35-38)

Cada día el Señor viene a nuestra vida de múltiples formas y toca a nuestra puerta. Estar atentos y vigilantes es tener la capacidad de reconocerle y de abrirle. Hace falta no estar lleno de nosotros mismos.

Como al pueblo de Israel en la noche de Pascua y a los discípulos al ser enviados al mundo, el Señor nos pide tener la "cintura ceñida", el discernimiento para reconocer su Venida, su Paso y su Presencia en cada persona y en cada acontecimiento.

El evangelio es una llamada a despertar, a vivir atentos a los acontecimientos, a descubrir el paso de Dios por nuestra vida. Estar preparados, vigilantes. Poner la mirada más allá de estas realidades terrenas, para que cuando el señor llegue, nos sirva.


¿Cuál es la dinámica de mi vida cristiana: estar vigilante o distraído?

Jesús nos invita a estar atentos a su voz y a ser luz ante nuestros hermanos. Ser como siervos serviciales y dispuestos a abrir a su Señor nada más llame.

Ser cristiano supone vivir en la espera confiada de que Dios viene en los acontecimientos de cada día. Por ello no podemos bajar la guardia o quedarnos dormidos.

Consuela saber el inaudito regalo que le espera al que esté en vela, bien despierto: ¡el mismo Señor se pondrá el traje de faena y nos servirá!


 

Madre, enséñanos a vivir siempre esperando al Señor,

que la lámpara encendida sea nuestro corazón abierto a su Palabra 

y broten en nosotros la Esperanza y la Confianza

para formar un solo templo, la Iglesia,

morada de Dios y del Espíritu.

Llévame Señor dónde Tú quieras,

por dónde Tú quieras, y cuándo tú quieras.

Estoy en tus Manos.

Mantén encendida mi lámpara con el aceite de tu confianza.


 

 

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