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El sueño de Dios.

 


“Que sean perfectamente uno” 
(Jn17, 20-26)


La unidad nos hace sentir comunidad, nos hace ser más, nos quita el miedo a la soledad, nos abre la mente y el corazón a la fraternidad, nos protege para siempre del egoísmo al tener que dejar sitio al otro en mí.

El sueño de Dios para nosotros: ser todos uno y vivir como una sola familia.

Ser uno en el Uno.
Una unidad en la fe, en la palabra, en el testimonio, en el amor.
Unidad no es uniformidad.
Riqueza en la diversidad.
Unidos en la fe y amor de un Dios que se hizo don, se hizo palabra para que nosotros seamos unidad en él y por él.

"Para que el mundo crea que tú me has enviado".

La fe nunca se impone, o se obliga a creer. 
La fe se contagia y se despierta, cuando convertimos nuestra vida en un signo de credibilidad.  
Sólo el amor es digno de crédito. 
Por eso Jesús no hizo más signos que el de amarnos hasta el extremo.  
El mundo creerá, no cuando gritemos más fuerte, sino cuando amemos y entreguemos la vida de verdad.
 
Haz que seamos uno, Señor.
Sabemos que esto supone muchas renuncias a nuestras suficiencias, 
nuestros orgullos, nuestros egoísmos.
Que esta plegaria tuya se realice verdaderamente en nosotros
 

 


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