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Un nuevo camino

 


"Está cerca el reino de Dios"
 
Mc 1, 14-20

El tiempo ha llegado a su plenitud y el reino de Dios se ha hecho presente en medio de nuestro mundo.

Al iniciar un nuevo camino siempre nos queda la duda de cómo nos irá, y donde llegaremos cada noche, por eso es tan importante que la fe en la buena nueva nos lleve a la esperanza en la verdad que debe ser el motor de nuestro caminar.

Acabada la Navidad, el evangelio nos trae un mensaje que podemos convertir en meta al inicio de este Tiempo Ordinario: «Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio». Cada día, a través de la Palabra, un paso en el camino de la conversión.

"Convertíos y creed en el Evangelio" Convertirse es dar la vuelta a lo que somos sin perder nuestra identidad, es dejar lo viejo, es desprenderse para comenzar un nuevo camino. El camino de la fe en el Evangelio, en Él, para seguirle y ser con Él. La conversión lleva consigo la necesidad de cambio, de ser nosotros mismos pero quitando todo aquello que no es propio de nuestra condición.

El cambio necesario para que la novedad de una relación personal, diferente, de amistad… con Él pueda darse. Ser nosotros mismos pero ser nuevos. No dejar de ser yo pero ser con, por y en Él.


«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres»
. Comienza el tiempo ordinario y lo que hace Jesús es llamarnos. Para que todo lo vivido en Navidad no se nos olvide. La cercanía de Dios al hacerse hombre es para que vivamos lo cotidiano de forma divina. Lejos de volver a sentirnos solos, agobiados, nerviosos, la forma de vivir este tiempo es fijando nuestra mirada en Jesús. Aprender de Él a vivir las alegrías y los conflictos, los éxitos y los fracasos.

Jesús pasa junto al mar de Galilea. Ve a Simón y Andrés. Les dice, y ellos dejan las redes y lo siguen. La mirada de Jesús en profunda y no se queda en apariencias. Las palabras de Jesús son convincentes y llenan de esperanza. Por eso, lo dejaron todo y lo siguieron.

Venid y os haré pescadores de hombres. 
Tú nos has llamado 
y nos diste decisión para dejar las redes. 
¡Gracias! 
Enséñanos a llamar como Tú y Contigo, 
contagiando la alegría de creer en Ti,
 junto a otros hermanos y hermanas, 
para construir tu Reino. Amén.
 


 

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