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Nos llama

 

 «𝐍𝐨 𝐡𝐞 𝐯𝐞𝐧𝐢𝐝𝐨 
𝐚 𝐥𝐥𝐚𝐦𝐚𝐫 𝐚 𝐣𝐮𝐬𝐭𝐨𝐬, 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐚 𝐩𝐞𝐜𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬» (Mc2,13-17).

 

"Jesús salió de nuevo a la orilla del mar." De nuevo hoy estrenamos día, lo vivido ayer, hoy ya no nos sirve. Hoy de nuevo se nos invita a salir, de nuestras estrecheces mentales, de nuestros cálculos y previsiones, de nuestros planes y nuestros miedos. Cada día es una página en blanco. Los logros o fracasos, los éxitos o frustraciones no los acumulamos. El mar que contempló Jesús es el amplio horizonte que tenemos hoy por delante. De nosotros depende llenarlo de amor, de alegría, de confianza. O dejar que se instale la tristeza y la soledad.

«𝐍𝐨 𝐡𝐞 𝐯𝐞𝐧𝐢𝐝𝐨 𝐚 𝐥𝐥𝐚𝐦𝐚𝐫 𝐚 𝐣𝐮𝐬𝐭𝐨𝐬, 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐚 𝐩𝐞𝐜𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬» Jesús ha venido para sanar a los pecadores, a los enfermos y para ello tiene que estar cerca de ellos. Levi es un publicano, que recauda impuestos a los judíos para dárselos a los romanos. Mal visto por el pueblo y sus autoridades. Jesús no ve a un recaudador sino a un discípulo. No se queda en la apariencia. No acoge una vida frustrada, sino una biografía por empezar.


Señor: cuando pases a mi lado dime una palabra tuya.

Señor: cuando pases a mi lado hazme también una invitación.
Señor: que tu palabra sea tan eficaz en mí que pueda cambiar hoy mismo. También yo quiero levantarme y seguirte.
Señor: gracias, porque cada día armas una comida de amistad, comunión y seguimiento en la Eucaristía.

Es la llamada al discipulado. Ser cristiano no es otra cosa que seguir a Jesucristo. El Señor es quien toma la iniciativa y llama. Pero la llamada exige una respuesta. Dejarlo todo y seguirle a él es la respuesta a su llamada. No nos llama a ser maestros sino a ser discípulos.

Jesús, que conoce nuestros corazones, nos llama a seguirle así como somos, y ese encuentro con su amor misericordioso nos transforma.

Así como Jesús rompió barreras al llamar a Leví (Mateo), un recaudador de impuestos, todos somos llamados a superar prejuicios y amar sin restricciones. La compasión no conoce límites, y en cada encuentro, podemos ser agentes de inclusión y amor. ¿Cuántas veces hemos dejado de lado nuestras etiquetas para abrazar a quienes más lo necesitan?

Todos tienen sitio a su lado. Una mesa abierta y larga, con sitios libres para todos, sin sitios reservados. Jesús es de puertas abiertas, de invitar y esperar, de dejar un sitio libre para el que llega último. Esta es su propuesta y es la manera de estar y ser con Él. Así debe ser nuestra mesa, abierta y con sitio para todos.

Señor, tú miraste con amor a Mateo y le llamaste.
Era un recaudador, un pecador, un indeseable...
pero su corazón buscaba una vida más auténtica
y te siguió con decisión, cuando pronunciaste su nombre.

Señor, también a mí me miras con amor y me llamas.
Reconozco que no lo merezco, que soy poca cosa,
Sé que sólo tú puedes darme la felicidad que deseo.
Por eso, quiero seguirte siempre y del todo.

Señor, ayúdame a mirar con amor al que se siente sólo,
al que no cuenta, al que cree que no sirve para nada.
Ayúdame a despertar el deseo de felicidad de cada persona
y a mostrarles que Tú eres la fuente de la Vida. Amén


 

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