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¡Hágase tú voluntad!

"Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto." (Jn11,45-57).

Hay momentos en la vida que necesitamos retirarnos al desierto. Comenzamos la Cuaresma en el desierto y Jesús la termina también retirado. El ruido, el día a día embotan la mente y oscurecen el corazón. Necesitamos parar y que sea el Espíritu el que nos dé fuerzas y renovados ánimos para seguir. Está semana santa es una oportunidad maravillosa para volver a ponernos en las manos de Dios y decirle: ¡Hágase tú voluntad!

 

La fe es un don y una elección. Un regalo que podemos acoger o rechazar. Unos creen en Jesús después de ver lo que había hecho; otros tratan de acabar con él para que no crean en él. Importante el discernimiento para elegir con razón y convicción.




 

 Caifás pensaba tan sólo
en el pueblo judío,
en su propio pueblo.
Para evitarle una catástrofe política,
maquinaba tu muerte.
Pero Tú pensabas en el pueblo amplísimo
de todos los que debían llegar a ser hijos de Dios.
Es tu muerte y tu sangre
lo único que puede
congregarlos a todos.
Tu muerte va a unirnos y
congregarnos a Ti,
va a juntarnos a Ti
y hacernos uno contigo,
para que contigo el Padre nos acepte,
ya que no podía aceptarnos dispersos
y separados de Ti.
Atráenos a todos, oh Jesús,
en tu muerte y fúndenos contigo.
Esta es mi esperanza,
que tu pasión, muerte y resurrección
sean mi salvación.
Amén


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