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Aprender a servir




“El que quiera ser grande, 
sea vuestro servidor” 
(Mc 10,43).  

Jesús va a Jerusalén a dar la vida.
El Hijo del Hombre va a ser entregado, lo condenarán a muerte, lo matarán y resucitará.
La esperanza se abre paso a pesar de todo.
Morir, dar la vida para resucitar.

Los discípulos van a Jerusalén con pretensiones de acumular poder y dominio.
El contraste es evidente.

“El que quiera ser grande, sea vuestro servidor.”
El que quiera ser rico, reparta sus bienes.
El que quiera ser famoso, pase a la retaguardia.
El que quiera dar lecciones, dé ejemplo...
El que quiera seguir la lógica del mundo, no comprenderá la ilógica de tu mensaje

Recorre este día el sendero del servicio.
No es muy transitado, pero conduce a un bellísimo paisaje.  

Cada noche me preguntas:
¿Serviste hoy? Y yo, sin decir nada, te muestro el delantal, abro mis manos ante Ti.

Nos has mostrado con tu ejemplo, Señor,
que es posible vivir para los demás.
Tu vida es un espejo fiel donde mirarnos
para descubrir cuánto nos falta cambiar
y cuánto todavía podemos dar a los demás.

Tú saliste a recorrer los caminos
para ir al encuentro del necesitado y el excluido.
Tú acogiste a los despreciados
y a los que todos marginaban y dejaban a un lado.
Tú atendiste las necesidades del pueblo,
sanaste sus enfermedades,
les enseñaste a compartir el pan,
y vivir unidos.
Tú ofreciste tu vida hasta el final,
hasta entregarla por amor y pura donación,
para que todos vivamos más y mejor,
y podamos alcanzar la vida verdadera.

Señor del servicio, muéstranos el camino
que lleva a darlo todo por los demás.
Ayúdanos a tener tus mismos sentimientos,
preocupaciones y opciones.
Haz que atendamos las necesidades, sufrimientos
y esperanzas de nuestro pueblo.
Haznos cercanos y hermanos de todos.
Enséñanos a vivir pensando primero en el otro,
enséñanos a vivir como verdaderos servidores,
dispuestos, generosos, alegres y fraternos
con todos, Señor, con todos.

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