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Para salvarnos

 

"¿Qué está permitido en sábado, 
hacer el bien o el mal, 
salvar a uno o dejarlo morir?"  
(Lc 6,6-1)

Acechan buscando pruebas para condenar. Para escribas y fariseos salvar a un hombre es menos importante que el cumplimiento estricto de la ley. Y así sigue siendo en nuestros días. Lo peor es que se haga en nombre de quien entregó su vida para salvarnos no para cumplir las leyes.

El hombre de la mano derecha paralizada está en la sinagoga, un lugar de oración. Inmovilizado por unas leyes, marginado por quienes las anteponen a su bien y salud. Una invitación a descubrir a quien está silenciado, menospreciado por una obediencia mal entendida.

Para Jesús la persona siempre ocupa el puesto principal. Ninguna circunstancia, enfermedad, condición, raza, religión, pueden anular este proyecto de Dios. Mira a los más pequeños, a los que menos cuentan, a los que están más orillados. Levántalos con tu respeto, con tu valoración profunda.  

Tú, Señor, me sacas del anonimato. 
Me pones junto a ti. 
A tus ojos siempre valgo.

La ley y las normas que no favorezcan el amor nunca serán las del Dios de Jesús. Una religión que prioriza la moral del cumplimiento pero no el desarrollo responsable de la libertad tampoco es la de Cristo. Lo esencial es la compasión y el compromiso en la liberación de los hermanos.

La nueva ley, tal como Jesús nos la presentó, es la del amor que se pone por obra, y no la de un descanso que “inactiva”, incluso, para hacer el bien al hermano necesitado.

Invitados a hacer como Jesús: levantar, poner en el centro a los otros y buscar su bien por encima de ideas previas.

 
Nuestro testigo 
es Dios. 
Allí está 
el principio 
y la finalidad 
de nuestras obras. Libertad interior es fuente de PAZ.

No hay mayor norma, mayor mandato que el amor. Amar, que es atender, cuidar, proteger, defender a todo aquel necesitado que encontramos en nuestro camino. Devolver la salud, la dignidad, la esperanza. Así hacemos sagrado cada día, cada momento.

Danos, Señor, esa delicadeza para estar atentos a las necesidades de nuestros hermanos.
Ayúdanos a comprender las penas ocultas.
Haz que comprendamos lo que tú nos pides cuando nos pides algo.


"Prefiero cometer errores actuando con bondad 
y compasión, 
que hacer milagros 
actuando 
con antipatía 
y dureza." (Madre Teresa de Calcuta )

 

 
Señor: somos muchos los que sufrimos parálisis. 
Señor: somos muchos los que sufrimos parálisis 
en nuestras mentes, 
que nos impiden ver tus nuevas presencias 
en la historia. 
Señor: somos muchos los que sufrimos parálisis 
en nuestros corazones, incapaces de amar. 
Señor: somos muchos los que sufrimos parálisis 
en nuestras lenguas,
incapaces de anunciarte a los hombres. 
Señor: somos muchos los que sufrimos parálisis en nuestras manos,
incapaces de alargarse a los que nos necesitan. 
Señor: somos muchos los que sufrimos parálisis 
en nuestros pies,
incapaces de ir a buscar al hermano perdido 
o a anunciarle tu Evangelio.
Señor: 
¿no podías sanar hoy todas estas nuestras parálisis?

 

 

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