«Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar» Podemos dedicar nuestra vida a hacer el bien a todos, pero no debemos olvidar que la razón de ese servicio es un corazón lleno de la presencia de Dios. Para eso es necesario buscar momentos de silencio y de encuentro con su misericordia.
El evangelista Marcos señala la sorprendente escena: Jesús desaparece apretujado por una muchedumbre enloquecida que quiere tocar al Señor para poder curar de sus dolencias. Una verdadera metáfora de la misión redentora del Mesías en medio de una humanidad desesperada.
“Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo”. Una gran muchedumbre seguía a Jesús. A Jesús lo siguen porque había curado a muchos. La gente lo busca para tocarlo. El tacto es el sentido de la cercanía, de la implicación en la vida del otro. Tocar y ser tocados es librarnos de la indiferente. Sufrir cerca del que sufre. Acompañar a quien padece. Para Jesús las gentes que le siguen no son una masa anónima y sin forma. Para Jesús todos tenían rostro, necesidades y deseos; y sabía que acudían a él sedientos de verdad y de sentido, cargados con sus dolores y sufrimientos. Y todos querían tocar a Jesús. Si caminas con Jesús y le dejas que pase a tu corazón, si aceptas que sea tu amigo, entonces el reino llega a ti, y con él, el perdón y el crecimiento en el amor
No hay nada que mueva más a buscar la fe que una situación límite en la que sentimos que nos ahogamos. Cuando la vida nos lleva por valles tenebrosos y empezamos a sentir que nos fallan las fuerzas, lo que necesitamos es una mano que nos acoja y no nos abandone. Sentir el abandono y vivir con la convicción de que nuestra vida no es importante para nadie, que no nos esperan, es la definición de lo que es la muerte y el infierno. Todos los que se acercaban a Jesús lo hacían porque le necesitaban.
Salir a la periferia es salir de la comodidad, es tocar la realidad humana, es descentrarte. ¿A qué orilla te pide ir hoy Jesús? ¿Cuál es la periferia que te saca de tu zona de confort? ¿Hacia dónde redirigir tu mirada?
Mi única aspiración
Señor,
que yo piense lo que Tú quieres que piense,
que yo quiera lo que Tú quieres que quiera,
que yo hable como Tú quieres que hable,
que yo obre lo que Tú quieres que obre.
¡Esta es mi única aspiración!
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