En las manos del Padre

 

"Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá." 
(Jn 11,17-27).

Hoy vienen a nuestra memoria las personas que hemos amado y que ya no están con nosotros. Damos gracias por nuestros difuntos. Somos lo que de ellos hemos recibido. La muerte se cruza en el camino de nuestras vidas. Es irreversible: la propia y la de aquellos a los que amamos. Pero no es el fin de la vida. No es el muro en el que se estrellan nuestras aspiraciones de plenitud. La muerte es el continuo despertador de nuestra vida. No es un día triste, es un día de pactar con nosotros mismos la disposición a vivir del todo.


Desde la fe descubrimos Quién es el Camino hacia el Cielo; dónde está la Verdad de la existencia; y Quién nos regala de Vida eterna. En Jesús, desde Jesús, con Jesús, encontramos respuesta a nuestros miedos y certezas en el Amor.

El día de difuntos es un día para la memoria agradecida, el amor (aunque duela), y la esperanza. El recuerdo de los que marcharon no es nostalgia, sino esperanza: la familia no se rompe con la muerte, solo se transfigura... Un día de llorar profundo, de sentir vacío. Pero es un día de proclamar con fuerza que nuestro Dios es de Vida y no de muerte, que la resurrección forma parte de la identidad de lo que somos, que la confianza y la esperanza define nuestra relación con Dios. Es nuestra fe la que nos cambia la mirada ante la muerte descubriendo que no es final sino puerta de encuentro. Un difunto no es un ausente, es y está presente con Dios en nuestra vida.

Nuestros difuntos están en las mejores manos… en las manos de Dios. Manos de Padre que acoge, comprende, ama y siempre perdona. Manos llenas de amor de un Padre que nos dio la vida terrena para darnos la eterna.


Al recordar a los fieles difuntos, no podemos por menos que recordar el capítulo 25 del Evangelio según San Mateo: el juicio final. En él se medirá nuestra capacidad del corazón para ser compasivos. Quienes viven con corazón compasivos oirán a Jesús: "Venid benditos de mi Padre".

Señor, Tú sabes que hoy recordamos especialmente a nuestros seres queridos que han partido. Llénanos de consuelo y esperanza, sabiendo que la muerte no es el final. Que tu amor y tu promesa de resurrección nos fortalezcan en nuestra fe y nos llenen de paz. Amén.



Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz eterna. Sus almas y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén

DUELO
Las lágrimas son parte del abrazo.
No temas llorar, ni añorar.
No reprimas el duelo
ni disfraces la ausencia.
Solo intenta creer, también hoy,
que la última palabra la tiene la Vida,
aunque ahora duela.
La memoria,
que a ratos escuece,
se teñirá de gratitud
cuando el dolor se aquiete;
gratitud por su vida,
por su presencia, por su huella.
Pero no tengas prisa,
no quieras forzar al tiempo
que todos necesitamos
espacio para el duelo.
Llegará un día de resurrección,
en que todo estará bien.
Ahora nos queda el amor,
al que ni la muerte puede silenciar.

@jmolaizola

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