(Lc 13,31-35).
Jesús es perseguido por Herodes. Quiere matarlo. El profetismo es una actividad de riesgo. Una amenaza para quien se cree poderoso. Jesús responde con contundencia al peligro. Es fiel a su misión. Camina hacia Jerusalén, destino de todos los profetas.
Hoy vemos a Jesús amenazado. Como amenazada está nuestra fe, alegría, sentido, confianza. Nuestro caminar en la fe, no es una apacible travesía de flor en flor. Hay dificultades, caídas, tropiezos, tensiones. No podemos asegurar casi nada. Pero nuestra respuesta es seguir hacia delante. Con la convicción de que el sol volverá a salir y volverá a iluminar y dar calor a lo que vivimos. No estamos amenazados de muerte, sino de resurrección.
Jesús se lamenta de Jerusalén porque mata a los profetas y apedrea a los que se le envían. Esa Jerusalén eres tú o yo, o nuestra sociedad. Quisiéramos que no fuera así, pero es un hecho. Cuanto más se niega la voz del profeta, más resuena su mensaje de buena noticia.
«Mirad, vuestra casa va a ser abandonada» Al construir nuestra vida sobre nosotros mismos, nada ni nadie continua lo que hemos empezado y todo se dispersa. Por ello, para que nuestra vida perdure, seamos fieles al compromiso con el Creador y anunciemos con la vida su buena nueva.
Pide la gracia de poseer un corazón receptivo y dispuesto a acoger su amor y su misericordia, viviendo en fidelidad a su Palabra.
Señor, dame la valentía y la fidelidad para seguirte con amor aun cuando el camino sea difícil



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