Caminar

 


“¡Poneos en camino!”
 
(Lc 10,1-9). 

Jesús envía a los discípulos a la misión con una tarea: prepararle el camino, dar testimonio de él y anunciar la buena nueva del reinado de Dios. Lleva en tu corazón la paz de Jesús y no dejes que las dificultades y hostilidades de la vida apaguen tu gran deseo de seguir a Jesús. 

Envíame, Señor. 
Llévame dónde Tú quieras, por dónde Tú quieras, y cuándo tú quieras. 
Estoy en tus Manos.

La Evangelización no se apoya en un voluntariado sino en discípulos que han sido llamados por Dios a una misión concreta. Por ser vocación, se ha de pedir. Tenemos que rogar al dueño de la mies que envíe obreros a su mies al tiempo que colaboramos en los trabajos del evangelio.

Te pido, Señor, por todos los jóvenes que se plantean la vocación a la vida religiosa o sacerdotal.  
Por los que tiene una inquietud inicial.  
Padre, tú nos amas y nos llamas a cada uno a una vida plena,  a lo que todo el mundo ansía: a encontrar la felicidad… llama a jóvenes a seguir a Jesús.

¡Poneos en camino! No se puede responder sí y quedarnos quietos, hay que salir de la comodidad y vivir en la intemperie con los otros, hay que arriesgar por y con Él cada día. Hay un camino interior que recorrer y un camino exterior, hay que convertirse e ir. ¡Poneos en camino!  La respuesta lleva al camino y el camino es la respuesta.


Jesús nos invita a ponernos en camino. A salir de nuestra comodidad, de nuestras seguridades y razones. A hacernos peregrinos de esperanza y evangelio. A crear nuevas sendas de fraternidad y misericordia. Señor, dame la valentía y la humildad para ser portador de tu paz y tu amor dondequiera que me envíes.

Jesús advierte que la misión debe realizarse con sencillez y humildad. No se trata de imponer el mensaje, sino de compartirlo con respeto y amor. En la vida diaria, esto nos llama a escuchar antes de hablar, a acompañar sin juzgar y a servir sin buscar reconocimiento.  Atender a los necesitados, animar a los desanimados y enseñar con paciencia a quienes buscan la verdad.

Envíame sin temor, que estoy dispuesto.
No me dejes tiempo para inventar excusas,
ni permitas que intente negociar contigo.
Envíame, que estoy dispuesto.
Pon en mi camino gentes, tierras, historias,
vidas heridas y sedientas de ti.
No admitas un no por respuesta
Envíame; a los míos y a los otros,
a los cercanos y a los extraños
a los que te conocen y a los que sólo te sueñan
y pon en mis manos tu tacto que cura.
en mis labios tu verbo que seduce;
en mis acciones tu humanidad que salva;
en mi fe la certeza de tu evangelio.
Envíame, con tantos otros que, cada día,
convierten el mundo en milagro.

José Mª Rodríguez Olaizola, sj

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