Es tiempo de Dios



«¿Es que pueden guardar luto 
los amigos del esposo, 
mientras el esposo está con ellos?» 
(Mt 9,14-15).

Los fariseos se extrañaban que los discípulos de Jesús no ayunarán. El Señor les decía que no podían ayunar mientras el esposo está con ellos. Cuando no esté con ellos y le echen de menos, será cuando sus discípulos ayunarán. El ayuno reforzará la necesidad de volver a Él.

No olvides que la Cuaresma es tiempo de Dios, no es hacer acopio de tu fuerza de voluntad, de hacer las cosas sin sentido o por rutina. Que sea su fuerza y no la tuya, que sea su voluntad, su sentido.

El ayuno que Jesús propone no tiene que ver con una norma o ley. Es una actitud de apertura a Dios. Analizar lo que aleja de él, para priorizarlo a él. Renunciar a lo que atrapa la afectividad y relativiza lo importante. Anteponer la misericordia y alegría en Dios.


"Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán".
Cuando sentimos que nuestra vida está completa y que vivimos lo que siempre hemos soñado, es cuando reconocemos que nuestra alegría es limitada. Siempre estamos amenazados por el derrumbe de lo construido. Jesús nos avisa de esa provisionalidad. Nos afanamos en buscar estabilidad, seguridad, comodidad, pero las fuerzas de la vida siempre nos llevan al cambio. Se nos arrebatan personas, salud, economía, privilegios y es cuando necesitamos reforzar el ayuno, la oración, la limosna, para volver a construir en roca firme y no en arenas movedizas.

El Espíritu nos regala el don de la alegría. Sonríe al amanecer y agradece la vida. Trabaja con alegría. Contagia el gozo de la fe a quien se acerque. La oración es el fruto de la fiesta que el Espíritu celebra en tu interior.

Señor Jesús, nos recuerdas que cuando el Esposo sea arrebatado, entonces ayunarán; hoy te damos gracias porque en medio de la espera y del sacrificio permaneces vivo en nuestros corazones.

Cuando tú estás, la alegría llena nuestro corazón y la vida entera.
Tú eres nuestro gozo.
Tu Palabra nunca pasa de moda.
Señor, estar contigo, sentirte cerca 
es como estar de fiesta con el novio de la boda.
Te agradecemos por el testimonio fiel de la Virgen María, 
que supo permanecer firme aun en el dolor 
y confiar plenamente en tus promesas.
Que, por su intercesión, nuestro ayuno se transforme en amor, 
nuestra tristeza en esperanza y nuestra espera en confianza agradecida.
Gracias, Señor, porque nunca nos abandonas 
y conviertes cada prueba en camino de salvación.
Amén.

 

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