Dios habla, siempre. Pero a veces el ruido nos roba el oído. Calmemos el alma, abrámonos a sus señales, dejemos que su voz nos encuentre.
El Adviento nos invita a abrir los ojos para descubrir la presencia de Cristo en lo sencillo y cotidiano, sin esperar signos espectaculares. Cristo viene a través de su Palabra, de los que no cuentan para la sociedad, y de los acontecimientos diarios.
Algunos afirmaban que antes de que viniera el Mesías tenía que venir el profeta Elías. Jesús les recuerda el profeta Elías ya vino y que hicieron con él lo que quisieron. Él es el nuevo Elías pues como padeció el profeta Elías así también padecerá el Hijo del hombre.
Jesús la es revelación plena de Dios en la historia, para siempre la historia del hombre y la mujer de este mundo es Historia de la Salvación en plenitud. Todo lo que Dios quiere revelar lo ha manifestado en Cristo. Juan el Bautista tuvo su papel, su lugar, su sitio. Ahora con Cristo todo es definitivo, la revelación es plena, la Salvación es total, la Historia se llena de Dios para siempre.
No es fácil entender el destino de Jesús. El profetismo siempre paga un alto precio. No es comprendido ni aceptado porque desestabiliza y crea incertidumbre, cuestiona y molesta. Jesús va a padecer como todos los profetas, por su fidelidad a Dios hasta el final.
Dios ha enviado mensajeros a lo largo de la historia. Hombres y mujeres sabios que han vivido en "modo Divino". Ojalá que cerca de cada uno de nosotros aparezcan personas que nos regalan su luz. No sé distinguen por sus superpoderes, porque deslumbren, porque hagan milagros, o curaciones, o eviten la enfermedad. Son como las flechas amarillas del camino de Santiago. Apuntan en dirección del amor y de la alegría. Capaces de llenar de paz las situaciones más tensas. Agradezco a todos los Elías que se han acercado a mi vida.




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