De los nuestros.

 


"El que no está contra nosotros está a favor nuestro."
 
(Mc 9,38-40).

 

Qué manía tenemos de crear bandos opuestos y enfrentados. Por las cosas más nimias establecemos diferencias entre ellos y nosotros. A Jesús también llegó este deseo de sus discípulos: uno que "curaba en tu nombre y se lo hemos querido impedir". No se lo impidáis, responde Jesús.

No estar de nuestra parte, no venir con nosotros o no ser de los nuestros, son expresiones sectarias, de grupos cerrados y excluyentes. Jesús rompe esas cadenas de afinidad, de favoritismos. Apela a la autenticidad de las relaciones y a la comunión. Sin contrarios.

¿Por qué nos tememos tanto? ¿De dónde nos nace este afán por dividir y trazar fronteras, cuando lo nuevo de Dios es la comunión? “Necesitamos recuperar la alegría de vivir, porque el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, no puede conformarse con sobrevivir o subsistir mediocremente, amoldándose al momento presente y dejándose satisfacer solamente por realidades materiales” (Spes non confundit, 9).


«El que no está contra nosotros está a favor nuestro»
En esta época de "enemigos" y de "enfrentamientos", es una sorpresa encontrarse con personas conciliadoras que nos acogen. Sobran en nuestras conversaciones juicios, reproches, acusaciones, linchamientos públicos. Hay muchos que son de los nuestros, que hacen de este mundo una casa común de encuentro, de justicia, de vida, de respeto a los derechos humanos, de búsqueda de la verdad. Hombres y mujeres que se dan, que luchan por defender la dignidad de la persona.

Jesús nos enseña a ver cómo "prójimos" aquellos a los que la vida nos vincula. Más allá de lo que uno piensa, siente, cree, en cada persona late un corazón que vive sus batallas, que llora sus muertos, que necesita su dosis de cariño. Que no dejemos más víctimas a nuestro paso. Porque suficientemente difícil es vivir para que entorpezcamos el camino del otro.

Jesús nos invita a adoptar una actitud de apertura y aceptación hacia aquellos que, aun diferentes a nosotros, comparten el mismo propósito de difundir el bien y la verdad. En la vida no debemos rechazar al diferente a nosotros si en su vida hace el bien. Vivamos unidos para hacer el bien porque, sin saberlo, estamos cumpliendo la voluntad de aquel que pasó haciendo el bien y está con nosotros.


 

Hemos de buscar la unidad en la diversidad. Dejemos de lado nuestras diferencias y mantengámonos unidos en el amor y el servicio a los demás, siguiendo el ejemplo de Jesús.






Señor, si tú habitas en mi corazón, 
también lo haces en el corazón de cada ser humano. Ayúdame a vivir sabiendo que es tan infinitamente grande lo que nos une como para que nos fijemos 
en las menudencias que nos separan. 
No todos están a favor nuestro, 
ni todos en contra nuestro, Señor.
Aquellos que comparten la misma fe, 
aunque sean de otro grupo, son de los tuyos, 
son de los nuestros.
Los que trabajan por la justicia y la paz son de los tuyos, 
son de los nuestros.
Los que defienden la vida de todos 
y en especial de los más pobres, de los niños, 
de los más indefensos... son de los tuyos, 
son de los nuestros.
Ábreme los ojos para descubrir que hay muchas personas (casi todas) que son de los tuyos, de los nuestros. 
Gracias por las maravillas que tu Espíritu 
realiza en el corazón de las mujeres y los hombres que, aunque no parezcan de los nuestros, 
aunque abracen otros credos o no crean en Dios, 
aunque voten a otros partidos políticos, 
canten otras canciones y hablen otros idiomas, 
están movidas por tu mismo Espíritu.  
Gracias, Señor.

 

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