ATARDECER

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Remar mar adentro

26/9/16

La humildad como rasgo distintivo del cristiano.




“El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí” (Lc 9,48).

Los discípulos discuten sobre quién es el más importante. 
Los discípulos tienen una gran preocupación:
“Quién de ellos es el más importante”.
“Quién de ellos se sentará en el sillón dorado”.
“Quién de ellos llevará mejores capisayos”
“Quién de ellos llevará más títulos”.
“Quién será el que le sirvan todos”.
Jesús pronto echó abajo esos castillos de grandeza.
“El que quiera ser el primero que sea el último”.
El que quiera ser el primero sea el que más sirve a los demás.
No han comprendido nada de la lección de Jesús, 
que va entregando la vida por los caminos.
Jesús les propone hacerse pequeños y dependientes de los demás, como los niños.

Nadie en la comunidad puede pretender crecer solo, prescindiendo o pasando por encima de los demás.
Tampoco nadie puede pretender la exclusiva de Jesús: como confesó Pedro, él es el Mesías, y lo es de todos.

- Que tus discípulos, Señor, no nos cansemos de ponernos al servicio de todos, sin excluir a nadie.

Pide al Espíritu que te haga caer en la cuenta de que la acogida  y el servicio son los rasgos esenciales del seguidor de Jesús.

Dame, Señor, un corazón de niño, 
capaz de abandonarme en las Manos del Padre, como Tú. 
Que busque más servir, que ser servido.

Cuánto nos gusta compararnos  y ponernos por encima de los demás!
En cambio Jesús, siendo el primero, se pone al final de la fila.
El más pequeño, el más humilde es el más importante.
El Salmo 130 es un salmo pequeño, que nos ayuda a sentirnos pequeños, pero seguros en los brazos de Dios:

Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor ahora y por siempre.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
como eran en el principio ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén.

Cuando acogemos a los pequeños, a los niños, a los pobres,  a cualquier persona necesitada de ternura, de compañía,  de esperanza... estamos acogiendo al mismo Jesús.

 “Gracias por poder acogerte en los más pequeños”          
“Danos un corazón abierto a todos, sobre todo a los más humildes”         
“Perdona y cura nuestro afán de ser más que los demás”

“El que no está contra vosotros, está a favor vuestro”.

Por lo tanto,  no miréis con desconfianza al que hace lo mismo que vosotros,  aunque no sea de vuestro grupo

No todos están a favor nuestro, ni todos en contra nuestro, Señor.
Aquellos que comparten la misma fe, aunque sean de otro grupo,  son de los tuyos, son de los nuestros. Los que trabajan por la justicia y la paz son de los tuyos, son de los nuestros.
Los que defienden la vida de todos y en especial de los más pobres, de los niños,
también de los no nacidos, de los enfermos... son de los tuyos, son de los nuestros.

Ábreme los ojos para descubrir que hay muchas personas  (casi todas) que son de los tuyos, de los nuestros.
Gracias por las maravillas  que tu Espíritu realiza en el corazón de las mujeres y los hombres que, aunque no parezcan de los nuestros,  aunque abracen otros credos o no crean en Dios, aunque voten a otros partidos políticos,  canten otras canciones y hablen otros idiomas, están movidas por tu mismo Espíritu.
Gracias, Señor.

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